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ES UN t贸pico decir que el paso de la antig眉edad grecolatina a la cristiana supuso el cambio de los sabios por los santos como modelos que admirar, pero desde mi punto de vista, a los sabios y a los santos, m谩s que admirarlos, hay que sufrirlos. El mismo rechazo me causa un Plat贸n que un Job. De tener que aguantar a un sabio, prefiero a los que son como Di贸genes o Montaigne; y de tener que aguantar a un santo, prefiero a Drukpa Kunley o a Teresa de Cepeda, de quien Espido Freire dice: “Se aburr铆a con San Juan de la Cruz porque 茅l era demasiado serio y en cambio a ella le gustaba mucho hacer el gamberro”.