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SE EQUIVOCA Nietzsche en Crepúsculo de los ídolos al colocar como antiPlatón a Tucídides, porque este historiador no era todo lo objetivo/neutral que parece, sino que narra la guerra del Peloponeso desde un apriorismo que, tomado sobre todo de Sófocles, era un tópico en el mundo griego. Cuando Tucídides incide tanto en la campaña en Sicilia y carga las tintas en la prepotencia de los atenienses, nos está queriendo preparar a los lectores para la futura derrota: nos está queriendo decir que todas aquellas personas o grupos que se abandonan a la soberbia, la desmesura, esto es, a la hybris, son finalmente castigados por los dioses. Mientras Platón se deja llevar por el idealismo de la-justicia-en-sí o el-bien-en-sí, Tucídides se deja llevar por el idealismo no menor de la-prepotencia-se-paga, de muy dudosa realidad en la historia, tan llena de prepotentes que triunfaron. Como se ve, una manera de escribir la historia menos objetiva de lo que se cree, y por ende antinietzscheana, pues Tucídides condena toda voluntad de poder que sea desaforada.