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QUE SHAKESPEARE no era consciente de la magnitud de su calidad literaria y que por eso no se preocup贸 de publicar sus obras, como se dice, no hay quien se lo crea. Shakespeare vive en la misma esquizofrenia que Pascal, que Teresa de Cepeda, que Lope o que Botticelli, que quem贸 sus cuadros m谩s sensuales y vitalistas influido por las predicaciones de Savonarola: Shakespeare es un cristiano que hace la obra m谩s anticristiana de su tiempo, una obra nada edificante donde hay intrigas, asesinatos, codicias, traiciones, sexo y truculencias de todo tipo. Los puritanos de la 茅poca, que con el tiempo conseguir谩n que se cierren los teatros, le acusaron toda la vida de exponer en escena inmoralidades que corromp铆an a la poblaci贸n, con lo que hicieron que Shakespeare se sintiera un gusano y un pecador, autoflagelo que se encuentra en casi todos los autores de su 茅poca. Por eso, cuando se hace mayor y siente la presencia de la muerte, Shakespeare reniega de su obra dram谩tica, porque piensa que le impide el acceso al cielo. En cambio 茅l mismo se encarga de la publicaci贸n de sus Sonetos, ¡porque los sonetos s铆 que son edificantes! No es que no creyera en la gloria literaria, sino que pensaba que su salvaci贸n personal era m谩s importante. Que ni Homero, ni Esquilo, ni Salustio hab铆an llegado a semejantes cotas de intensidad ni profundizaci贸n en lo humano, eso lo conoc铆a perfectamente: lo propio de los escritores con una gran capacidad creativa es que tienen una capacidad cr铆tica no menor. Un t铆o que escribe Hamlet, y Macbeth, y Otelo, y El Rey Lear, entre otras quince o veinte obras maestras en fila, ¡c贸mo no se va a dar cuenta de que estaba reventando las costuras de las letras! ¡Vamos, hombre!

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NOTA DE LA ADMINISTRADORA: Existe una v铆a m谩s sencilla y quiz谩 m谩s acertada para explicar que Shakespeare no publicara sus obras dram谩ticas. Escribe Borges en su pr贸logo a Macbeth: "Shakespeare no dio sus obras a la imprenta (con alguna que otra excepci贸n) porque las escribi贸 para la escena, no para la lectura. De Quincey observa que las representaciones teatrales no suministran menos publicidad que las letras de molde. A principios del siglo XVII escribir para el teatro era un menester literario tan subalterno como lo es ahora el de escribir para la televisi贸n o el cinemat贸grafo. Cuando Ben Jonson public贸 sus tragedias, comedias y mascaradas bajo el t铆tulo de Obras, la gente se ri贸 de 茅l".