NO ME interesa la amistad entre escritores, que es un mero sub-amor; pero me interesa mucho cuando la relaci贸n llega a ser una relaci贸n sexual sin sexo, la que se origina del rozamiento que un cerebro recibe de otro y de los celos que se generan de ese roce. En la historia de la literatura universal existen muchas relaciones sexuales sin sexo: me vienen a la cabeza la de Shelley con Keats, la de Scott Fitzgerald con Hemingway, la de Neruda con Vallejo o la de Gide con Proust, pero mi favorita es la de Virginia Woolf con Katherine Mansfield. Fijaos en c贸mo escribe Woolf sobre ella, a帽os despu茅s de que Mansfield haya muerto:
Me viene a la cabeza el recuerdo de Katherine Mansfield –rodeado, como de costumbre, de unos pensamientos que deber铆an avergonzarme– si hubiera vivido, me digo, habr铆a seguido escribiendo, y la gente habr铆a visto que soy yo quien tiene m谩s talento. As铆 es como pienso en ella, de forma intermitente, –ese extra帽o fantasma, con los ojos separados, y la boca tensa, arrastr谩ndose por la habitaci贸n. Katherine y yo ten铆amos nuestra relaci贸n; y nunca volver茅 a tener una relaci贸n como esa.