AYER DISCUTIENDO de historia con un profesor de historia, yo es que me atrevo con todo. El tipo hablaba del agravio comparativo que sufre Jesucristo, al que le pedimos una hilera de “pruebas” de su existencia que no pedimos a otras figuras del pasado. Hasta ah铆 nada que objetar: el profesor ten铆a raz贸n. Para m铆 es claro que existi贸, aunque entiendo que tampoco se debe dar demasiada cancha a los “mitistas”, llamados as铆 porque dicen que Jes煤s fue un mito, por la raz贸n de que su teor铆a jam谩s ha disfrutado del m铆nimo seguimiento acad茅mico. Pero a continuaci贸n el profesor de historia me a帽ade, para ilustrar sus razones, que tampoco de Le贸nidas de Esparta o de Alejandro Magno nos queda ni una sola prueba “irrefutable” de que existieron, y sin embargo todo el mundo da por sentada su existencia. Y claro, ah铆 he saltado. De Le贸nidas de Esparta no s茅, pero de Alejandro Magno hay monta帽as de pruebas, porque precisamente fue un hombre carcomido por el af谩n de gloria que dedic贸 toda su vida a dejarlas.
Para empezar, Alejandro Magno fund贸 hasta setenta ciudades con su nombre, algunas de las cuales han llegado hasta la actualidad. Otra v铆a probatoria es la numism谩tica: solo en vida del Magno se crearon 23 monedas diferentes con su nombre y que ahora son piezas de museo. Otra v铆a es la cantidad de ciudades que destruy贸 o conquist贸: de las primeras se han encontrado pruebas arqueol贸gicas; de las segundas registros hist贸ricos o monumentos. Otra v铆a es la escritura: aunque la obra de su historiador oficial Cal铆stenes se perdi贸 pronto, tanto su general Ptolomeo, su ingeniero Arist贸bulo y su almirante Nearco escribieron cr贸nicas o memorias de las campa帽as, donde dieron gran presencia a Alejandro Magno. Estas cr贸nicas no se perdieron en unas d茅cadas, como sucedi贸 con los Evangelios cristianos, sino que duraron en algunos casos m谩s de cinco siglos y fueron la base para que historiadores como Arriano, Diodoro, Curcio Rufo, Plutarco o Pompeyo Trogo compusieran sus historias sobre Alejandro.
No tienen nada que ver las pruebas que pudo dejar Jesucristo con las de Alejandro, aunque al final la influencia ideol贸gica del primero haya sido mucho mayor. Jesucristo solo conoc铆a unos 3000 kil贸metros cuadrados de Galilea y solo fue famoso los cuatro 煤ltimos a帽os de su vida, principalmente los cinco 煤ltimos d铆as, desde que entr贸 en Jerusalen a lomos de un burro hasta que lo mataron. Alejandro Magno, en cambio, fue el hombre m谩s c茅lebre del mundo durante diecis茅is a帽os y se manej贸 a sangre y fuego, lo mismo destruyendo que fundando y legislando, en un territorio de cinco millones de kil贸metros cuadrados. Jes煤s era adem谩s un sabio jud铆o/budista/idealista que no buscaba la fama sino cambiar las conciencias; Alejandro Magno en cambio era un megal贸mano que deseaba triunfar, machacar y dejar su nombre en la memoria del mundo. No se me olvide decir que Alejandro hasta acud铆a a las campa帽as militares con un equipo de historiadores, dirigido por Cal铆stenes, para que inmortalizaran sus haza帽as: hasta ese punto estaba enfermo de egolatr铆a aquel hombre.