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• • • Dostoyevski, el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo.• • • Dejo a un lado a algunos escépticos, el único tipo respetable en la historia de la filosofía.• • • Schopenhauer, el último alemán que cuenta, es para un psicólogo un caso de primer rango.• • • Goethe es el último alemán por el que tengo veneración.• • • ¿Comprendió esto Sócrates, el más inteligente de todos los autoembaucadores?• • • El más contrahecho de los tullidos conceptuales que ha habido, el gran Kant, da una idea no pequeña de la gracia alemana.• • • He dado a la humanidad el libro más profundo que posee, mi Zaratustra: le daré dentro de poco el más independiente.• • • El más profundo conocedor de la cultura griega que vive hoy, Jakob Burckhardt de Basilea, supo enseguida que ése era un logro no pequeño.• • • ¿De dónde procede esa enfermedad que aparece en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón?• • • Dice Stendhal, el último psicólogo grande, que para ser un buen filósofo hace falta ser seco, claro, sin ilusiones.• • • La historia de la influencia de Napoleón es casi la historia de la felicidad superior alcanzada por todo este siglo en sus hombres y en sus instantes más valiosos.• • • El abate Galiani, el hombre más profundo, más perspicaz y, tal vez, también el más sucio de su siglo.• • • El sacrificio del emperador Tiberio en la gruta de Mitra, de la isla de Capri, el más horrible de todos los anacronismos romanos.• • • Platón, el más temerario de todos los intérpretes, tomó de la calle a Sócrates entero tan solo como un tema popular y una canción del pueblo.• • • Recordaré aquí lo que sentía ante la cruz el último alemán de gusto distinguido, Goethe.• • • La mujer, el más peligroso de los juguetes.• • • La señora Cósima Wagner, la primera voz, con mucho, en cuestiones de gusto que yo he oído.
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TODAS ESTAS entradas que he escrito no querían ir contra la calidad como escritor de Nietzsche, que me parece difícilmente superable, sino contra ciertas afirmaciones suyas en favor de la filosofía fragmentaria. Cuando Nietzsche escribe, como escribió, "es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás no dicen un libro", te está vendiendo una moto. Kundera se la compró: yo no se la compro. Tanto el sistema como el fragmento tienen sus beneficios y perjuicios: escoger lo mejor de uno y otro sería lo ideal, como ya he probado que a veces hizo Nietzsche, pero no siempre se puede. De momento, contra la opinión de Kundera, yo sostengo que no debemos jubilar al tratado filosófico clásico y sistemático, el que se escribía morosamente en busca de conclusiones finales, con páginas y páginas dedicadas pesadísimamente al examen de los pros y los contras, sino que debemos darnos cuenta de lo bueno que habitaba en aquellos procedimientos.
Precisamente hoy vivimos en un mundo de escritura casi nietzcheana, donde tanto en los blogs, en X, en Facebook, en Instagram o en Tik-Tok escribimos en fragmentario, en frases cortas, memes, aforismos y, ¿de verdad creéis que hemos mejorado con respecto a los tochos que escribía la gente hace treinta años? Pienso que a lo sumo hemos mejorado en ingenio, pero justo en la medida que hemos perdido capacidad de reflexión y argumentación, además de respeto, porque las técnicas terroristas que he denunciado en Nietzsche son casi budistas comparadas con las que alguna gente utiliza ahora en la red. Yo misma escribo en nietzcheano (sin su genialidad), todo este blog es fragmentario, también lo era lo que hacía en las paredes, en los cubos de basura y ahora en las quoteboots, pero precisamente por eso, porque he dedicado mucho tiempo a leer a los grandes del género y yo misma lo cultivo, me he dado cuenta de los peligros que se ocultan detrás de la famosa "síntesis", y quería alertar de que no hay soluciones mágicas detrás de lo que una vez llamé "los cien metros lisos de la literatura".
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Whitman trabajaba como oficinista en el Departamento del Interior en Washington cuando su jefe, James Harlan, encontró una copia de "Hojas de hierba" en su escritorio. Harlan se indignó tanto al leer los pasajes sexualmente sugerentes del libro que decidió despedirlo, en virtud de una norma que permitía expulsar "a quienes no se ajusten a las normas de decoro y propiedad prescritas por la civilización cristiana".
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Primero vienen los adversarios por “estupidez”; son los que no me entienden y me censuran sin conocerme. Esta multitud considerable me ha fastidiado bastante en la vida; pero que sean perdonados, pues no saben lo que se hacen.»Otra segunda clase, numerosa, la forman los “envidiosos”. Esta gente no me perdona la dicha y la honrosa posición que he conquistado con mi talento. Roen mi fama y me aniquilarían de buen grado. Sólo cesarían de atacarme si fuese miserable.»Luego viene un gran número de gentes que se han hecho adversarios míos por falta de éxito propio. Entre ellos hay hombres de capacidad; pero no pueden perdonarme que yo les haya obscurecido.»En cuarto lugar vienen los que son adversarios míos por algún motivo. Pues siendo yo hombre y teniendo como tal defectos y debilidades, tampoco mis escritos pueden estar libres de ellos. Pero como yo me he preocupado seriamente de mi formación y trabajé sin descanso en mi perfeccionamiento, he ido siempre en constante progreso, y así ha ocurrido con frecuencia que me han censurado por un defecto del que me había libertado hacía tiempo. Estas buenas gentes han sido las que menos me han perjudicado; disparaban sobre mí cuando yo estaba a millas de ellos. En general, mis obras, una vez terminadas, me eran bastante indiferentes; dejaba de ocuparme de ellas y empezaba en seguida a pensar en algo nuevo.»Otro grupo considerable de mis adversarios lo son por “diversidad en la manera de pensar y en algunas opiniones”. Se dice que apenas si en un árbol podrán encontrarse dos hojas perfectamente iguales; no es de extrañar, pues, que entre miles de hombres apenas puedan encontrarse dos que piensen y sientan con perfecta armonía. Esto supuesto, no tengo por qué asombrarme del gran número de mis oponentes, sino más bien de tener tantos partidarios y amigos. Mi época me rehuía, porque estaba totalmente dominada por preocupaciones subjetivas, mientras yo, con mi afán de objetividad, me encontraba solo y en una posición desventajosa.
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ALUMNO: Señor Faulkner, en su cuento «El oso», ¿considera al oso un símbolo positivo de la naturaleza, un símbolo negativo de la naturaleza, o un símbolo tanto positivo como negativo, como la ballena blanca de Moby Dick?FAULKNER: Oh, esa es solo una historia sobre un oso.ALUMNO: Señor Faulkner, ¿cómo empieza una novela? ¿Cómo sabe siquiera sobre qué quiere escribir?FAULKNER: Chico, tienes que escribir porque no puedes no escribir. Tienes que dejarte llevar por lo que llevas dentro.ALUMNO: Señor Faulkner, en su libro Mientras agonizo, la mayoría de los personajes son bastante reprensibles socialmente. La única con algo de sensibilidad o nobleza es Addie Bundren, la maestra. Sin embargo, la hace casarse con Anse Bundren, sin duda el tipo más horrible de todos. ¿Cómo puede justificar eso?FAULKNER: Hijo mío, ¿nunca has oído la historia de la hermosa mariposa? ¿Que revoloteaba de flor en flor? ¿Y que finalmente se posó en un excremento de caballo?
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Señor obispo, la hipótesis de Jehová me fatiga. No sirve más que para producir personas flacas que piensan hueco. ¡Abajo este gran Todo, que me fastidia! ¡Viva Cero, que me deja tranquilo! De vos a mí, y para decirlo todo y para confesarme a mi pastor, como conviene, os confieso que no soy tonto. No estoy loco con vuestro Jesucristo, que predica por todas partes la renuncia y el sacrificio. Consejo de avaro a desharrapados. ¡Renuncia!, ¿por qué? ¡Sacrificio!, ¿para qué? Nunca he visto que un lobo se inmole por la felicidad de otro lobo. Permanezcamos, pues, dentro del orden de la naturaleza. Estamos en la cumbre; tengamos una filosofía superior. ¿De qué sirve estar en la cumbre, si no se ve más allá de la nariz de los demás? Vivamos alegremente. La vida es todo. Que el hombre tenga un porvenir en otra parte, allá arriba, allá abajo, donde quiera, yo no creo una sola palabra de esto. ¡Ah!, me recomiendan la renuncia y el sacrificio, y, por tanto, debo tener mucho cuidado con todo lo que hago; es preciso que me rompa la cabeza sobre el bien y sobre el mal; sobre lo justo y lo injusto; sobre el fas y sobre el nefas. ¿Por qué? Porque tendré que dar cuenta de mis acciones. ¿Cuándo? Después de mi muerte. ¡Qué hermoso sueño! Después de muerto, se ocuparán de mí las ratas. Haced que una mano de sombra coja un puñado de cenizas. Digamos la verdad, nosotros que somos los iniciados, que hemos levantado el velo de Isis; no existe ni el bien ni el mal; no existe más que vegetación. Busquemos la realidad; profundicemos, penetremos en el fondo de la cuestión, ¡qué diablos! Es necesario husmear la verdad, penetrar bajo tierra y apoderarse de ella. Y cuando la tengáis, entonces sí que seréis fuertes y os reiréis de todo. Yo soy cuadrado por la base, señor obispo. La inmortalidad del alma es una ridícula paradoja. ¡Oh, promesa encantadora! Fiaos de ella. Vaya billete de banco que tiene Adán. Si es alma, será ángel, tendrá alas azules en los omóplatos. Argüidme, pues: ¿no es Tertuliano quien dice que los bienaventurados irán de un astro a otro? Con lo cual quiere decir que los bienaventurados serán las langostas de las estrellas. ¡Y después verán a Dios! Ta, ta, ta. No son mala cosa todos esos paraísos. Dios es una tontería colosal. Yo no diré esto en el Moniteur, ¡pardiez!, pero lo cuchicheo con los amigos: Inter pocula. Sacrificar la tierra al paraíso es lo mismo que dejar la presa por la sombra, lo cierto por lo dudoso. ¡Ser burlado por lo infinito! ¡Ca! ¡No soy tan bestia! Soy nada. Me llamo el señor conde Nada, senador. ¿Era antes de mi nacimiento? No. ¿Seré después de mi muerte? No. ¿Qué soy, pues? Un poco de polvo unido y formando un organismo. ¿Qué tengo que hacer en la tierra? La elección es mía: padecer o gozar. ¿Adónde me conducirá el padecimiento? A la nada, pero habré padecido. ¿Adónde me conducirá el goce? A la nada, pero habré gozado. Mi elección está hecha. Es necesario comer o ser comido. ¡Comamos! Más vale ser el diente que la hierba; tal es mi sabiduría. Después de esto ande cada cual como le plazca; el sepulturero está allí; el panteón para nosotros; todo cae en la gran fosa. Fin, Finis, liquidación total; éste es el sitio donde todo acaba. La muerte está muerta, creedme. Si hay alguien que tenga algo que decirme sobre esto, desde ahora me río de él. Cuentos de niños; el coco para los niños; Jehová para los hombres. No, nuestro mañana es la noche. Detrás de la tumba no hay más que nadas iguales. Hayáis sido Sardanápalo o San Vicente de Paúl, lo mismo da. Esto es lo cierto. Vivid, pues; sobre todo, ¡vivid!
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Qué manía la del arte moderno contra la anécdota. Echando mano de la palabra anécdota, mucha gente rechaza hoy formas permisibles de literatura y de arte. La connotación de frivolidad epigramática de la palabra anécdota los ofusca; no ven que atacan a lo narrativo, que es uno de los permanentes agrados de los hombres. ¿Qué tiene de malo? Toda la literatura es anécdota. ¿A quién no le agradan las anécdotas? Estoy seguro de que les gustan a esos mismos pintores que las condenan.
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¿Cómo van a parecerme importantes las cosas que solo me importan a mí? A casi todos los escritores que conozco les agrada su infancia, pero yo aborrezco la mía. Aprendí a crearme a mí mismo, poco y de mala manera, en el supuesto de que crearse a uno mismo sea hacerse a esta posada sin caminos a la que llamamos vida. A veces supe hacer lo que había que hacer, pero el interés de la acción, salvo cuando esta pertenece a la historia, está en lo que hacemos, no en lo que decimos. No me interesa gran cosa mi propia persona.
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Los biógrafos de Tolstói contarán cómo ayudaba a los trabajadores a cargar cubos de agua, pero nadie sabrá que nunca le permitió un respiro a su esposa y que nunca, en todos estos 32 años, le dio un vaso de agua a su hijo ni pasó cinco minutos a su lado para darme la oportunidad de descansar un poco.
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Susan Sontag era una artista, y además una mujer solidaria; recuerda lo que hizo en Sarajevo; siempre tuvo interés por los demás. Su egocentrismo es el egocentrismo natural de los artistas. Sin ego, ¿qué hace un artista? Necesita el ego para caminar, para respirar. La literatura es el ego escrito.
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EL PRINCIPAL problema que tengo para lograr prosélitos de Francisco Umbral, ahora que ha renacido mi pasión por él tras 25 años de amor y otros cinco de odio, es que este mayúsculo artífice del lenguaje cultivaba un machismo de lo más rancio (sí, existen machismos menos rancios). Escribe en Los cuerpos gloriosos:
Yo lo que quiero es tirarme a Bibí Andersen, ahora que es hembra total, completa, ahora que tiene una vagina, ahora que gusta del hombre/hombre, ahora que el unicornio ha perdido el cuerno y la mujer ha ganado el derecho a ser follada. [...] Hay que cepillarse a Bibí Andersen como sea. Es la asignatura pendiente de la democracia. Los machos viriles lamentábamos que no fuese hembra. Los otros se alegraban de que fuese hombre. Ahora que es mujer, ahora que, tras la castración sacrificial, ya tiene la sagrada vagina de los mitos femeninos, está como un poco obligada, Bibí, a dejar que nos la beneficiemos los varones con carné de tales, aquí en Madrid, más algunos ricachos que vengan de provincias con certificado del gobernador civil de que no son bujas.
Se me dirá que no es para tanto, que solo hace humorismo o literatura (ni puta la gracia), pero qué me decís entonces de esto que cuenta en Crónica de esa guapa gente, cuando narra de forma realista lo que hizo con el entonces famoso presentador de televisión García Tola:
Una tarde de domingo, llena de toda la siniestrez dominical, Tola y yo nos fuimos a su apartamento con dos choricillas del Gijón y, como no se dejaban, Tola les pegó, las insultó, las echó de casa, y yo le ayudé en todo.
Menudo personaje: esto entra dentro de los delitos penales. Se me argumentará el famoso contexto: el contexto no era por desgracia el de ahora, pero ya entonces, año 1991, este tipo de escritos ya estaban mal vistos y esas acciones penadas. De hecho, un grupo de feministas invadió su comunidad de vecinos, años antes de que se fuera a vivir a su dacha con piscina, e hizo pintadas de "UMBRAL VIOLADOR", pero Umbral no solo no se arredró, sino que presumía de su machirulismo y hasta publicó una foto de una de las pintadas en el mismo libro:
