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RECUERDO HABER leído, en el prólogo del primer traductor al español de la poesía completa de Sylvia Plath, que esta poeta estadounidense no se regodeaba en el suicidio "como Pizarnik", pero otros (yo tampoco) no han tenido tan claro eso, porque el célebre poeta Robert Lowell, que además fue su profesor, escribió en la introducción de Ariel: «La poesía de Plath es como jugar a la ruleta rusa con seis cartuchos en el cilindro».

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DICE KUNDERA que el pensamiento aforístico de Nietzsche fue muy nutritivo para la filosofía y para la literatura en general, porque nos enseñó a respetar "la manera efectiva en que nos llegan los pensamientos" y a "resistirnos a transformar nuestras ideas en sistema". Voy a dedicar unas cuantas entradas a refutar o matizar estos dos asertos nietzscheanos.

En primer lugar, Nietzsche no nos enseñó nada, porque el pensamiento aforístico tiene una tradición de milenios tanto en Occidente como en Oriente; y el propio autor del Zaratustra no tuvo inconveniente en reconocer la deuda que contrajo con aforistas como los presocráticos, La Rochefoucauld, Pascal, Lichtenberg, Chamfort o Schopenhauer (si bien, en el caso de los presocráticos, fue la pérdida casi completa de su obra lo que los convirtió en fragmentarios, y en el caso de Pascal, su muerte repentina impidió que sistematizara sus pensamientos). En segundo lugar, esos imperativos nietzscheanos tienen sus ventajas y sus desventajas, y si te obnubilas con las primeras y no conoces las segundas fácilmente puedes malograr tu obra.

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LOS SURREALISTAS llegaron mucho más lejos que Nietzsche con su técnica de la escritura automática, donde se respeta "la manera efectiva en que llegan los pensamientos" de manera mucho más radical, pero enseguida se vio que con ese procedimiento no se puede hacer literatura o la que se hace es de muy baja calidad. Todo surrealista "grande", sea Éluard, Vallejo, Aragon, Huidobro, Neruda, Char o Saint-John Perse, no ha hecho escritura automática al 100%, sino que la ha sometido a la prosodia o a areles racionales. Respetar al cien por cien la manera en que te llegan los pensamientos, sin meter los dedos en los cables, es un suicidio para el autor, sea poeta o aforista.

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¿Y QUÉ pasa si a las nueve de la mañana pienso una cosa y a las cinco de la tarde su contraria? ¿Tengo que respetar las dos y publicarlas así en el papel, como insinúa Kundera que nos enseñó Nietzsche, o tengo que comenzar un proceso de reflexión hasta llegar a una síntesis, tal como nos enseña la filosofía sistemática? Si optas por la solución que Nietzsche supuestamente proponía (luego explicaré lo que realmente hizo, que es muy distinto), prepárate a que tu libro sea una sentina de vaciedades y confusiones. Si no sometes a cada nuevo pensamiento a un bombardeo de pros y contras, dándole vuelta y desvuelta como acostumbraba Sócrates, que según Jenofonte era capaz de pasarse las doce horas del día pensando, con los ojos perdidos en el horizonte, ¿qué valor tiene ese pensamiento?

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EL PRIMER aforista de categoría universal que hizo eso fue Emil Cioran. Hasta entonces los aforistas se contradecían, abogaban en esta página por lo contrario que en la de más allá, pero no se daban cuenta, porque la contradicción es en el ser humano más fácil que respirar. Cioran no: Cioran es el primero, al menos que yo haya leído, que dice en esta página una cosa y la contraria en la de más allá, y, aunque se da cuenta, no lo borra, porque quiere respetar los mecanismos naturales del pensamiento. El resultado que se obtiene de eso se puede ver bien en la propia obra de Cioran, que aunque sin duda es uno de los aforistas más grandes de la historia, para mí solo tiene un libro superior, La tentación de existir, que precisamente es un pacto entre la filosofía sistemática y la filosofía fragmentaria, un libro que sorprende por su cohesión. Es sabido que Beckett al principio estaba enamorado de la filosofía de Cioran, pero a medida que fue sacando libros acabó rechazándola con el adjetivo de "superficial". Otro tanto nos ha pasado a muchos (si bien yo lo sigo respetando como un grande del género más corto, pero no es Nietzsche).

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EN ESTE punto debo decir que Nietzsche es uno de los mayores encantadores de serpientes que han existido, lo digo como elogio, de tal eslora que le gustaba entregarse a pensamientos "grandes" o "terribles" que luego en realidad no cumplía. En primer lugar, Nietzsche no escribía en fragmentos porque quería, sino porque no podía hacer otra cosa a causa de sus continuas migrañas, producto de su enfermedad continua, que apenas le dejaban algunas horas de respiro. El primer libro que publicó fue El origen de la tragedia, que no es un libro de aforismos, precisamente porque en esa época estaba sano, y dice su biógrafo Safranski que en los últimos años de su vida estaba obsesionado con confeccionar un libro sistemático que resumiera su filosofía. Vaya, vaya: ¿entonces Nietzsche miente, igual que él dice que lo hacían Platón y la Biblia y el Código de Manú, o sus mentiras solo se llaman "contradicciones", pues es lícito en el pensamiento no sistemático decir una cosa un día y al otro su contraria?

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LA DIFERENCIA entre Nietzsche y Cioran me parece esta: mientras Cioran es un decadente rabioso, rara mezcla del propio Nietzsche con Pizarnik, San Juan de la Cruz y Oscar Wilde, que hace equilibrios entre el suicidio, el misticismo y el no tomarse nada en serio, y escribe como un hombre cínico y escéptico, ya de vuelta de todo, que toma la pluma sin creer en ella, Nietzsche es una raza de pantera que siempre entra al folio con el colmillo goteante, deseoso de ganarse el favor de la posteridad, con unas garras y un fanatismo de los más grandes que han existido (el mayor, en mi opinión), dispuesto a verter en serie sus obsesiones, pues era un hombre obsesivo, peculiaridad que es la que finalmente salva su obra, porque este helenista alemán, aunque es fragmentario, aunque es muy vario, aunque también se contradice, es un autor sorprendentemente cohesionado que vuelve una y otra vez sobre los mismos temas, a los que no consigue dejar, hasta el punto de que se puede decir que algunos de sus libros son revisitaciones de otros (Crepúsculo de los ídolos, por ejemplo, o El Anticristo, que a mí me parece el mismo libro que Aurora, solo que escrito siete años más tarde por un cerebro mucho más dionisíaco y poderoso, que pronto iba a colapsar). La filosofía de Nietzsche, señor Kundera, no brilla solo porque sea antisistemática y fragmentaria, sino porque Nietzsche hace un pacto con los sistemáticos, de los que recoge lo mejor de sus técnicas, y las integra en el pensamiento aforístico. Con los años hemos tenido acceso a los fragmentos que no publicó y, ¿qué se infiere de esos fragmentos, señor Kundera? Pues que Nietzsche nunca siguió su propio imperativo de "respetar la manera efectiva en que nos llegan los pensamientos", sino que tachó, cortó, pegó y no hizo ascos a cambiar o recoger lo que había tirado, ¡como todo hijo de vecino!

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¿SIGNIFICA ESTO que Nietzsche no cayó en ninguna de las trampas del pensamiento fragmentario? Aquí voy a ser un poco mala, porque dice Kundera que "el ataque de Nietzsche iba contra el inevitable dogmatismo del pensamiento sistemático", lo que me demuestra que el autor checo era un nietzcheano impenitente que, como la mayoría de ellos, es incapaz de ver que su emperador va desnudo. Tengo dicho que no hay nada más parecido que un cristiano y un nietzscheano: los dos son asunto de fe para sus seguidores. ¿En serio me está diciendo usted, señor Kundera, que Nietzsche apostó por la escritura fragmentaria para luchar contra el dogmatismo en que caen los sistemáticos? ¿Acaso la escritura aforística de Nietzsche no es la más dogmática que ha existido jamás, a un nivel que ningún sistemático ha alcanzado, ni siquiera Kant, Platón o Descartes?

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A NIETZSCHE lo traicionan sus procedimientos, que yo llamo terroristas. El principal es el del superlativo. Copio aquí algunas de las manieras que aparecen en alguno de sus últimos cuatro libros importantes: Más allá del bien y el mal, Crepúsculo de los ídolos, Ecce Homo y el Anticristo:
• • • Dostoyevski, el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo.

• • • Dejo a un lado a algunos escépticos, el único tipo respetable en la historia de la filosofía.

• • • Schopenhauer, el último alemán que cuenta, es para un psicólogo un caso de primer rango.

• • • Goethe es el último alemán por el que tengo veneración.

• • • ¿Comprendió esto Sócrates, el más inteligente de todos los autoembaucadores?

• • • El más contrahecho de los tullidos conceptuales que ha habido, el gran Kant, da una idea no pequeña de la gracia alemana.

• • • He dado a la humanidad el libro más profundo que posee, mi Zaratustra: le daré dentro de poco el más independiente.

• • • El más profundo conocedor de la cultura griega que vive hoy, Jakob Burckhardt de Basilea, supo enseguida que ése era un logro no pequeño.

• • • ¿De dónde procede esa enfermedad que aparece en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón?

• • • Dice Stendhal, el último psicólogo grande, que para ser un buen filósofo hace falta ser seco, claro, sin ilusiones.

• • • La historia de la influencia de Napoleón es casi la historia de la felicidad superior alcanzada por todo este siglo en sus hombres y en sus instantes más valiosos.

• • • El abate Galiani, el hombre más profundo, más perspicaz y, tal vez, también el más sucio de su siglo.

• • • El sacrificio del emperador Tiberio en la gruta de Mitra, de la isla de Capri, el más horrible de todos los anacronismos romanos. 

• • • Platón, el más temerario de todos los intérpretes, tomó de la calle a Sócrates entero tan solo como un tema popular y una canción del pueblo.

• • • Recordaré aquí lo que sentía ante la cruz el último alemán de gusto distinguido, Goethe.

• • • La mujer, el más peligroso de los juguetes.

• • • La señora Cósima Wagner, la primera voz, con mucho, en cuestiones de gusto que yo he oído.
Trabajé hace mucho tiempo como periodista deportivo, y este tipo de procedimientos, “el último”, “el único”, “el más”, los conozco al dedillo, porque son los típicos que usan los plumillas futboleros. Si tienes un poco de talento el director del periódico te saca de la sección de deportes y te mete en las secciones generales, que cuentan con más prestigio, pero ahí ya no puedes utilizar esas manieras de barra de bar, porque perderías enseguida tu puesto de trabajo. Nietzsche está lleno de este tipo de cosas y esa es una de las claves de su escalada a filósofo más famoso (que no el mejor) del mundo. Tiene cosas de cuñado. Cuñado superior, si se quiere, pero cuñado de puñetazo en la mesa y esto yo lo arreglo en cinco minutos. No se quiera ver esto enteramente como una crítica, porque de hecho es parte de su grandeza: mientras un lego en filosofía, si trata de leer a Hegel o a Kant, se va a pegar de cabezazos contra sus libros, porque no se va a enterar de nada en la primera lectura, Nietzsche construye sus libros con tres o cuatro capas de lectura, de más fácil a más difícil, de modo que hasta el menos letrado puede entrar en uno de ellos y “enterarse de algo”. Pero mal que le pese a él, que acusaba con razón de plebeya a la dialéctica de Sócrates, muchos de los procedimientos que utilizó él también fueron plebeyos, propios de un filósofo que necesitaba tener razón de manera burda, costara lo que costara.

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OTRO DE sus procedimientos terroristas es el de la anécdota única y sesgada. Él mismo presumía de que una sola anécdota le bastaba para representar a un personaje o situación. Mientras Plutarco necesita docenas de anécdotas para escribir cada Vida, y nos advierte en su Alejandro y César de que va a desechar muchas famosas porque no concuerdan con la historia y psicología de los dos personajes; mientras Montaigne utiliza siete u ocho por cada propuesta que hace, Nietzsche es tan genio que con una sola anécdota le vale. ¿Que los chinos e indios comen mucho arroz? A esa dieta tan pobre se debe la expansión del budismo en Asia. ¿Que Flaubert declara que piensa sentado? Ahí queda desenmascarado, porque se debe pensar caminando. ¿Que Shakespeare crea personajes muy profundos? Eso significa que Shakespeare en verdad era Francis Bacon, porque pensamientos tan altos están vedados a un alma no aristocrática. ¿Que Platón dormía con un ejemplar de Aristófanes debajo de la almohada? Eso significa que necesitaba la inmanencia de la comedia ateniense, porque en el fondo sabía que su mundo trascendente era un timo. ¿Que Spinoza escribe su Ética demostrándola geométricamente? Eso significa que era un ser tímido y vulnerable que se escondía detrás de máscaras. Yo llamo a estas técnicas nietzcheanas por su nombre, esto es, fusilamientos...

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EL TERCER procedimiento terrorista de Nietzsche es el de la comparativa siniestra. Él nunca hace una comparación igualitaria o igualmente positiva, como las que hace Plutarco; él solo hace comparaciones donde uno de los comparados agrede al otro. Así, lanza al dios del Viejo Testamento contra el del Nuevo Testamento, a Jesucristo contra Pablo de Tarso, a Poncio Pilatos contra Jesucristo, a Bizet contra Wagner, a Fontenelle, Epicuro y Tucídides contra Platón, a La Rochefoucauld contra toda la filosofía alemana, a los musulmanes contra los cristianos, a los budistas contra los cristianos, a Goethe contra Schiller, a Goethe contra los cristianos, a todo el mundo contra los alemanes...

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EL CUARTO procedimiento es el insulto. Aclaro que en las ediciones antiguas algunos insultos no aparecen, porque ya se encargó su hermana Elizabeth de eliminarlos. A Kant lo llama "hipócrita" y en otra parte "idiota", a Jesucristo "idiota" igualmente, a George Sand "vaca", a Rousseau "canalla", a los sacerdotes cristianos "gusanos", a Dante "hiena", llama "gentuza" a su propia madre y hermana... ¡llama gentuza a su madre, que literalmente se desvivió por él toda su vida! Lo único que me gusta de este triste asunto es que Franciska, que así se llamaba su madre, no solo no se tomó a mal este ataque, del que sin duda supo, pues tenía el ejemplar de "Ecce homo" a la vista, sino que dedicó los últimos años de su vida a pasear muy orgullosa a un Nietzsche ya en silla de ruedas y famoso, porque Nietzsche se hizo ya muy famoso en los once años que transcurrieron desde el colapso mental hasta su muerte (en España, por ejemplo, Unamuno y Maragall ya se carteaban preguntándose sobre Nietzsche en 1894, seis años antes de que muriera). ¡Qué alegría me da que aquella buena mujer fuera feliz los últimos años de su vida, paseando y enseñando a las visitas a su hijo célebre, teniendo en cuenta que Nietzsche ya estaba loco y no pudo seguir comportándose con ella como la calamidad de persona que fue, como tantos otros genios!

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HA LLEGADO el momento de que exponga cuáles son para mí los seis principales defectos del aforismo occidental:

1. Superficialidad: Se abusa del ingenio y la brillantez sin hueso, que no es profunda ni verdadera.

2. Dispersión: Incluso cuando son buenos, los aforismos que se logran están tan lejanos entre ellos que se convierten en un bazar de buenas ocurrencias que no se fusionan en un pensamiento.

3. Maximalismo: La mayoría de los aforistas escriben en plan yo soy un genio y tengo siempre razón, convirtiendo el aforismo en la herramienta más dogmática del pensamiento occidental (en este punto Oriente difiere, lo que prueba que no es un rasgo que el aforismo tenga per se).

4. Esnobismo: Se busca el cisne negro o el aforismo insólito, con el peligro de que al final consigas solo una colección de boutades.

5. Aleatoriedad y automatismo: Es fácil escribir aforismos recurriendo a técnicas mecánicas, pero te saldrán aforismos sin ninguna cohesión ni relación con la verdad.

6. Empobrecimiento del cerebro: Si solo escribes aforismos, sin alternarlos con otros géneros más largos, puedes perder la capacidad de desarrollar descripciones, historias, diálogos o argumentaciones.

Nietzsche se salvó de todos estos defectos salvo del tercero, el del dogmatismo, donde fue campeón del mundo, y tampoco se libró por entero del cuarto, pues a veces buscó el pensamiento tremendo por encima del verdadero. En cuanto a las virtudes del aforismo, su concisión, su carácter sintético, su belleza estética, su capacidad para ser memorizado y resistir el paso del tiempo, en todas fue Nietzsche un maestro, aunque yo lo prefiero en el terreno del fragmento de un folio, donde me parece el GOAT indiscutido, y en cambio en el aforismo de una o dos líneas me parece bueno pero sin ponerme a pegar voces.

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ALGUNO ME dira: "Vanessa, tramposa, cómo asoma la antiNietzsche que estás hecha. Podrás decir que Nietzsche era dogmático en sus modos, pero en su fondo es el filósofo más antidogmático que ha existido nunca, porque dio el golpe de muerte a la verdad, a la que sustituyó por la perspectiva, y al grito de "TODO PARA EL INDIVIDUO" trató de desligarlo de las obligaciones de patria, religión e ideología, esto es, de las imposiciones de la manada". A esto yo respondo, en primer lugar, que Nietzsche no me parece un filósofo taaaan promotor de la libertad como se dice, porque creía en el carácter trágico de la existencia y no admitía la posibilidad de que los negros, las mujeres o los obreros se emanciparan. En muchas partes dice que su obra está dirigida "a los pocos"; recomendaba a los obreros y las mujeres que aceptaran su suerte con alegría y que abrazaran su destino (amor fati), todo ello con mucho cinismo, pues él era un aristócrata que dedicaba todo el día a leer, escuchar música, montar a caballo o acudir a la ópera. El primer escrito suyo del que tenemos constancia fue un texto adolescente que escribió contra la abolición de la segregación racial en USA; también tenemos constancia de que se opuso a la derogación del trabajo infantil cuando trabajaba de profesor en Basilea; y jamás apoyó a feministas amigas como Lou o Malvida o a activistas por el sufragio femenino como su también amiga Meta von Salis. ¿A qué clase de libertad os referís, cuántas personas caben en la libertad nietzscheana sin tergiversar de arriba abajo todo su pensamiento? Por otra parte, la forma no está para nada desligada del fondo, eso lo sabe cualquier poeta. Creo haber probado más arriba, en la exposición de sus modos terroristas de escribir, que es entre los célebres el escritor más dogmático que existe y precisamente su éxito entre la juventud se debe a eso, a que es el troll más grande que ha dado la filosofía.

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TODAS ESTAS entradas que he escrito no querían ir contra la calidad como escritor de Nietzsche, que me parece difícilmente superable, sino contra ciertas afirmaciones suyas en favor de la filosofía fragmentaria. Cuando Nietzsche escribe, como escribió, "es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás no dicen un libro", te está vendiendo una moto. Kundera se la compró: yo no se la compro. Tanto el sistema como el fragmento tienen sus beneficios y perjuicios: escoger lo mejor de uno y otro sería lo ideal, como ya he probado que a veces hizo Nietzsche, pero no siempre se puede. De momento, contra la opinión de Kundera, yo sostengo que no debemos jubilar al tratado filosófico clásico y sistemático, el que se escribía morosamente en busca de conclusiones finales, con páginas y páginas dedicadas pesadísimamente al examen de los pros y los contras, sino que debemos darnos cuenta de lo bueno que habitaba en aquellos procedimientos.

Precisamente hoy vivimos en un mundo de escritura casi nietzcheana, donde tanto en los blogs, en X, en Facebook, en Instagram o en Tik-Tok escribimos en fragmentario, en frases cortas, memes, aforismos y, ¿de verdad creéis que hemos mejorado con respecto a los tochos que escribía la gente hace treinta años? Pienso que a lo sumo hemos mejorado en ingenio, pero justo en la medida que hemos perdido capacidad de reflexión y argumentación, además de respeto, porque las técnicas terroristas que he denunciado en Nietzsche son casi budistas comparadas con las que alguna gente utiliza ahora en la red. Yo misma escribo en nietzcheano (sin su genialidad), todo este blog es fragmentario, también lo era lo que hacía en las paredes, en los cubos de basura y ahora en las quoteboots, pero precisamente por eso, porque he dedicado mucho tiempo a leer a los grandes del género y yo misma lo cultivo, me he dado cuenta de los peligros que se ocultan detrás de la famosa "síntesis", y quería alertar de que no hay soluciones mágicas detrás de lo que una vez llamé "los cien metros lisos de la literatura".


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ESCRIBE JUSTIN Kaplan en su biografía sobre Whitman que "Hojas de hierba" fue mal recibido en algunos sectores puritanos, debido a sus pasajes homoeróticos, al punto de que muchas bibliotecas lo censuraron y el propio rector de Yale comparó el poemario con "caminar desnudo por las calles". El mismo Whitman perdió su trabajo en 1865 a causa de estos pasajes:
Whitman trabajaba como oficinista en el Departamento del Interior en Washington cuando su jefe, James Harlan, encontró una copia de "Hojas de hierba" en su escritorio. Harlan se indignó tanto al leer los pasajes sexualmente sugerentes del libro que decidió despedirlo, en virtud de una norma que permitía expulsar "a quienes no se ajusten a las normas de decoro y propiedad prescritas por la civilización cristiana".

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EN SUS Conversaciones con Eckermann, Goethe clasifica en cinco categorías a sus adversarios literarios:
Primero vienen los adversarios por “estupidez”; son los que no me entienden y me censuran sin conocerme. Esta multitud considerable me ha fastidiado bastante en la vida; pero que sean perdonados, pues no saben lo que se hacen.

»Otra segunda clase, numerosa, la forman los “envidiosos”. Esta gente no me perdona la dicha y la honrosa posición que he conquistado con mi talento. Roen mi fama y me aniquilarían de buen grado. Sólo cesarían de atacarme si fuese miserable.

»Luego viene un gran número de gentes que se han hecho adversarios míos por falta de éxito propio. Entre ellos hay hombres de capacidad; pero no pueden perdonarme que yo les haya obscurecido.

»En cuarto lugar vienen los que son adversarios míos por algún motivo. Pues siendo yo hombre y teniendo como tal defectos y debilidades, tampoco mis escritos pueden estar libres de ellos. Pero como yo me he preocupado seriamente de mi formación y trabajé sin descanso en mi perfeccionamiento, he ido siempre en constante progreso, y así ha ocurrido con frecuencia que me han censurado por un defecto del que me había libertado hacía tiempo. Estas buenas gentes han sido las que menos me han perjudicado; disparaban sobre mí cuando yo estaba a millas de ellos. En general, mis obras, una vez terminadas, me eran bastante indiferentes; dejaba de ocuparme de ellas y empezaba en seguida a pensar en algo nuevo.

»Otro grupo considerable de mis adversarios lo son por “diversidad en la manera de pensar y en algunas opiniones”. Se dice que apenas si en un árbol podrán encontrarse dos hojas perfectamente iguales; no es de extrañar, pues, que entre miles de hombres apenas puedan encontrarse dos que piensen y sientan con perfecta armonía. Esto supuesto, no tengo por qué asombrarme del gran número de mis oponentes, sino más bien de tener tantos partidarios y amigos. Mi época me rehuía, porque estaba totalmente dominada por preocupaciones subjetivas, mientras yo, con mi afán de objetividad, me encontraba solo y en una posición desventajosa.

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COMO DE SHAKESPEARE existen innumerables pruebas de que existió y de que escribió las obras que se le adjudican, durante mucho tiempo pensé que la duda sobre su autoría nació de la envidia o del asombro que provoca una calidad tan sostenida (salvo las tres partes de Henry VI y La vida y muerte del Rey Juan, todas las demás obras hasta el número de 32 me parecen obras maestras). Sin embargo, descubro por el artículo de Ari Friedlander, el mismo del que hablé el otro día, que la verdadera razón fue el descubrimiento, a partir de 1840, de documentos que probaban que Shakespeare había acaparado grano de cebada, malta y maíz durante la hambruna que sufrió Inglaterra entre 1594 y 1597, con el fin de venderlo más tarde a precios más altos. Consta que el cisne de Avón fue multado en 1598 por ese acaparamiento. Aclaro que esa hambruna se llevó por delante a 40.000 ingleses, algunos de ellos de la propia localidad de Stratford-upon-Avon, donde nació el dramaturgo. 

Y claro, la nobleza inglesa, que no le ha perdonado nunca a Shakespeare que sea un plebeyo (no era tampoco eso, sino pequeña burguesía incipiente), a raíz de ese descubrimiento dijo STOP Shakespeare con dos siglos de retraso. Como no podían permitir que un granuja fuera el mayor escritor del país, comenzó el desfile de candidatos para robarle la autoría, entre los que Bacon, Marlowe o Edward de Vere han sido los más propuestos. Obsérvese que Bacon y De Vere sí que fueron aristócratas, y que Marlowe no lo fue pero sí que contaba con estudios universitarios, nada menos que en la Universidad de Cambridge.

El propio Nietzsche, en una demostración más de que no dedicaba más de cinco minutos a sopesar los pros y contras de los problemas, y cegado por su aristocratismo impenitente, compró la historia de que detrás de Shakespeare estaba Francis Bacon, cuando el pobre Bacon es un filósofo de una racionalidad duermeovejas al que no le visita nunca una miga de lirismo.

Shakespeare no era noble, nunca pisó un aula universitaria y fue acaparador de grano mientras la gente moría de hambre: ni Nietzsche ni el clero ni la nobleza inglesa podían aceptar que ese simple actor de Stratford fuera de verdad el escritor más grande de la historia.

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KEN RINGLE cuenta que William Faulkner, entre 1957 y 1958, fue contratado por la Universidad de Virginia para que compartiera impresiones sobre la literatura con los alumnos del campus en Charlottesville. Sin embargo, el autor de ¡Absalón, Absalón! no era muy comunicativo y sus respuestas dejaban desconcertados a los jóvenes. Veamos algunas de ellas:
ALUMNO: Señor Faulkner, en su cuento «El oso», ¿considera al oso un símbolo positivo de la naturaleza, un símbolo negativo de la naturaleza, o un símbolo tanto positivo como negativo, como la ballena blanca de Moby Dick?
FAULKNER: Oh, esa es solo una historia sobre un oso.

ALUMNO: Señor Faulkner, ¿cómo empieza una novela? ¿Cómo sabe siquiera sobre qué quiere escribir?
FAULKNER: Chico, tienes que escribir porque no puedes no escribir. Tienes que dejarte llevar por lo que llevas dentro.

ALUMNO: Señor Faulkner, en su libro Mientras agonizo, la mayoría de los personajes son bastante reprensibles socialmente. La única con algo de sensibilidad o nobleza es Addie Bundren, la maestra. Sin embargo, la hace casarse con Anse Bundren, sin duda el tipo más horrible de todos. ¿Cómo puede justificar eso?
FAULKNER: Hijo mío, ¿nunca has oído la historia de la hermosa mariposa? ¿Que revoloteaba de flor en flor? ¿Y que finalmente se posó en un excremento de caballo?


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CON LOS personajes secundarios saca Victor Hugo su animal lírico más poderoso, a mi parecer superior incluso al de Shakespeare. Veamos el discurso que construye para este senador que habla con el obispo Myriel, un cínico materialista mezcla de Nietzsche y Oscar Wilde antes de que fueran posibles Nietzsche y Wilde. Obsérvese que Hugo pone en su boca palabras que son una obra maestra del ateísmo, lo que contradice a sus críticos, que siempre lo acusaron de hacer personajes maniqueos. No puede ser maniqueo alguien que hace hablar a un personaje malvado con un discurso tan convincente como este. Dejo subrayados algunos momentos líricos que me electrizan:
Señor obispo, la hipótesis de Jehová me fatiga. No sirve más que para producir personas flacas que piensan hueco. ¡Abajo este gran Todo, que me fastidia! ¡Viva Cero, que me deja tranquilo! De vos a mí, y para decirlo todo y para confesarme a mi pastor, como conviene, os confieso que no soy tonto. No estoy loco con vuestro Jesucristo, que predica por todas partes la renuncia y el sacrificio. Consejo de avaro a desharrapados. ¡Renuncia!, ¿por qué? ¡Sacrificio!, ¿para qué? Nunca he visto que un lobo se inmole por la felicidad de otro lobo. Permanezcamos, pues, dentro del orden de la naturaleza. Estamos en la cumbre; tengamos una filosofía superior. ¿De qué sirve estar en la cumbre, si no se ve más allá de la nariz de los demás? Vivamos alegremente. La vida es todo. Que el hombre tenga un porvenir en otra parte, allá arriba, allá abajo, donde quiera, yo no creo una sola palabra de esto. ¡Ah!, me recomiendan la renuncia y el sacrificio, y, por tanto, debo tener mucho cuidado con todo lo que hago; es preciso que me rompa la cabeza sobre el bien y sobre el mal; sobre lo justo y lo injusto; sobre el fas y sobre el nefas. ¿Por qué? Porque tendré que dar cuenta de mis acciones. ¿Cuándo? Después de mi muerte. ¡Qué hermoso sueño! Después de muerto, se ocuparán de mí las ratas. Haced que una mano de sombra coja un puñado de cenizas. Digamos la verdad, nosotros que somos los iniciados, que hemos levantado el velo de Isis; no existe ni el bien ni el mal; no existe más que vegetación. Busquemos la realidad; profundicemos, penetremos en el fondo de la cuestión, ¡qué diablos! Es necesario husmear la verdad, penetrar bajo tierra y apoderarse de ella. Y cuando la tengáis, entonces sí que seréis fuertes y os reiréis de todo. Yo soy cuadrado por la base, señor obispo. La inmortalidad del alma es una ridícula paradoja. ¡Oh, promesa encantadora! Fiaos de ella. Vaya billete de banco que tiene Adán. Si es alma, será ángel, tendrá alas azules en los omóplatos. Argüidme, pues: ¿no es Tertuliano quien dice que los bienaventurados irán de un astro a otro? Con lo cual quiere decir que los bienaventurados serán las langostas de las estrellas. ¡Y después verán a Dios! Ta, ta, ta. No son mala cosa todos esos paraísos. Dios es una tontería colosal. Yo no diré esto en el Moniteur, ¡pardiez!, pero lo cuchicheo con los amigos: Inter pocula. Sacrificar la tierra al paraíso es lo mismo que dejar la presa por la sombra, lo cierto por lo dudoso. ¡Ser burlado por lo infinito! ¡Ca! ¡No soy tan bestia! Soy nada. Me llamo el señor conde Nada, senador. ¿Era antes de mi nacimiento? No. ¿Seré después de mi muerte? No. ¿Qué soy, pues? Un poco de polvo unido y formando un organismo. ¿Qué tengo que hacer en la tierra? La elección es mía: padecer o gozar. ¿Adónde me conducirá el padecimiento? A la nada, pero habré padecido. ¿Adónde me conducirá el goce? A la nada, pero habré gozado. Mi elección está hecha. Es necesario comer o ser comido. ¡Comamos! Más vale ser el diente que la hierba; tal es mi sabiduría. Después de esto ande cada cual como le plazca; el sepulturero está allí; el panteón para nosotros; todo cae en la gran fosa. Fin, Finis, liquidación total; éste es el sitio donde todo acaba. La muerte está muerta, creedme. Si hay alguien que tenga algo que decirme sobre esto, desde ahora me río de él. Cuentos de niños; el coco para los niños; Jehová para los hombres. No, nuestro mañana es la noche. Detrás de la tumba no hay más que nadas iguales. Hayáis sido Sardanápalo o San Vicente de Paúl, lo mismo da. Esto es lo cierto. Vivid, pues; sobre todo, ¡vivid!

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ACABO DE subir a mi blog de Anécdotas la descripción de Luis Felipe de Orleans, situada en la cuarta sección de Los Miserables, donde Victor Hugo construyó con 823 palabras la frase más larga hasta entonces conocida. Ese récord ya fue batido por muchos, entre ellos por Proust en su Recherche o por Joyce en el Ulises, pero sigue quedando en la leyenda de la literatura.

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BORGES DEFENDÍA la anécdota, claro que sí. De anécdotas están hechos Plutarco, Montaigne, el Lazarillo o El barón de Munchausen. Dice el maestro argentino en el "Borges" de Bioy:
Qué manía la del arte moderno contra la anécdota. Echando mano de la palabra anécdota, mucha gente rechaza hoy formas permisibles de literatura y de arte. La connotación de frivolidad epigramática de la palabra anécdota los ofusca; no ven que atacan a lo narrativo, que es uno de los permanentes agrados de los hombres. ¿Qué tiene de malo? Toda la literatura es anécdota. ¿A quién no le agradan las anécdotas? Estoy seguro de que les gustan a esos mismos pintores que las condenan.

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LO PRIMERO que me he leído como cosmopaleta recién suscrita a The Washington Post es este artículo de hace diez años sobre Shakespeare, que acabo de subir a mi blog de anécdotas, donde Ari Friedlander desmonta cinco mitos sobre el cisne de Avon, entre ellos el de su “inabarcable” repertorio lingüístico. Se nos ha dicho que Shakespeare empleó 30.000 palabras en su obra; Friedlander dice que el número más adecuado estaría más cerca de 20.000, porque sus hagiógrafos contaban tanto las palabras en singular como en plural, de modo que star y stars contaron como dos palabras. También dice Friedlander que la riqueza del léxico de Shakespeare, así como su capacidad creativa para inventar nuevos vocablos, para nada estaban por encima de otros autores ingleses de la época, sino justo en el promedio.

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FUERON A preguntarle a Virginia Woolf por el escritor muerto cuyo carácter más le disgustaba y respondió: «Me gustan todos los escritores muertos».

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ESCRIBE MALRAUX al comienzo de sus Antimemorias:
¿Cómo van a parecerme importantes las cosas que solo me importan a mí? A casi todos los escritores que conozco les agrada su infancia, pero yo aborrezco la mía. Aprendí a crearme a mí mismo, poco y de mala manera, en el supuesto de que crearse a uno mismo sea hacerse a esta posada sin caminos a la que llamamos vida. A veces supe hacer lo que había que hacer, pero el interés de la acción, salvo cuando esta pertenece a la historia, está en lo que hacemos, no en lo que decimos. No me interesa gran cosa mi propia persona. 
Obsérvese que este debería ser el criterio de toda autobiografía en aquellos países católicos donde la sacrosanta humildad ocupa el centro del espacio: escribir antimemorias donde solo aparecen los sucesos que viviste, sin incluir tu participación en esos sucesos ni las opiniones que te merecen, ni mucho menos los buceos psicológicos que te generaron. La propuesta para escribir desde el yo sin el yo es una propuesta que permitiría escribir en confesional hasta a los más humildes, pero, ¿cuál es el problema? El problema es que todo esto es cháchara porque Malraux fue el intelectual más narcisista y egocéntrico en una Francia del siglo XX plagadita de intelectuales narcisistas y egocéntricos. El propio prologuista de las antimemorias nos anuncia que en el libro aparecen muchos sucesos inventados que Malraux construyó para forjarse una leyenda personal. Estamos, por tanto, ante la vieja historia del escritor que trata de hacerse perdonar el ego.

El del ego es el gran tabú en medio planeta, pero sobre todo en los países católicos, allí donde figuran gran parte de los lugares de mierda del mundo y donde se identifica al egocéntrico con la mala persona. En estos lugares cada sueño personal, cada esperanza propia, cada iniciativa en primera persona del singular, si se tienen (¡y vaya que sí se tienen, al mismo nivel que en los lugares de verdad!), hay que ocultarlos en la medida de lo posible, porque su mera enunciación genera tal rechazo en los demás que pueden irse al traste enseguida. Un gran ególatra español, Fernando Sánchez-Dragó, contestaba que era budista cuando le enrrostraban su ego; el fundador de toda la egoconfesionalidad, Montaigne, se escudaba en que escribía desde el yo “para la sola lectura de mis familiares y amigos”; el mayor ego de la Antigüedad, Cicerón, fingía que solo se retiraba a escribir a su finca de verano “porque Roma no está en peligro”. El muy narcisista Malraux, por su parte, escribe unas “Antimemorias” porque “él no es importante”.

Pablo Neruda, en cambio, nunca rechazó beber buenos vinos, ni vivir en lujosas casas, ni escribir desde un yo whitmaniano, ni publicar a sabiendas una de las memorias más ególatras del siglo XX. Cuando le venían señor Neruda, vaya mal ejemplo de comunista es usted, respondía que su comunismo no consistía en repartir la pobreza, sino en que todo el mundo fuera igualmente rico. Y aunque era españolista y llamaba a España “la madre patria”, tenía muy claro de dónde procedía el odio al que se singulariza. No, dijo muchas veces, la envidia al que brilla no nos la enseñaron los mapuches o los aymaras: “Esto nos lo trajeron los españoles”.

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DICE SHARON Olds que su libro Odas se le ocurrió leyendo las Odas Elementales de Pablo Neruda, que por cierto son cuatro libros:

Odas Elementales 
Nuevas Odas Elementales 
Tercer Libro de las Odas
Navegaciones y Regresos

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SOBRE LOS familiares que viven a la sombra del genio se podría escribir una enciclopedia más voluminosa que la Espasa. Escribe Sophia Tolstaia sobre su marido:
Los biógrafos de Tolstói contarán cómo ayudaba a los trabajadores a cargar cubos de agua, pero nadie sabrá que nunca le permitió un respiro a su esposa y que nunca, en todos estos 32 años, le dio un vaso de agua a su hijo ni pasó cinco minutos a su lado para darme la oportunidad de descansar un poco.
Aclaro que Tolstaia y Tolstói tuvieron trece hijos ¿eh? Con razón se queja la pobre mujer, que por cierto también era escritora, y lo era antes de conocer al "genio". Justo hoy me han vuelto a decir que las personas solitarias "viven menos", pero vivir en soledad es la principal garantía para no llevarse a nadie por delante a cuenta de tu supuesto talento.

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HE SUBIDO al blog CHIMAMANDA esta arcadia de John Berger sobre Susan Sontag donde reivindica el ego literario. Al fin alguien lo tuvo que decir:
Susan Sontag era una artista, y además una mujer solidaria; recuerda lo que hizo en Sarajevo; siempre tuvo interés por los demás. Su egocentrismo es el egocentrismo natural de los artistas. Sin ego, ¿qué hace un artista? Necesita el ego para caminar, para respirar. La literatura es el ego escrito.


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EL PRINCIPAL problema que tengo para lograr prosélitos de Francisco Umbral, ahora que ha renacido mi pasión por él tras 25 años de amor y otros cinco de odio, es que este mayúsculo artífice del lenguaje cultivaba un machismo de lo más rancio (sí, existen machismos menos rancios). Escribe en Los cuerpos gloriosos:

Yo lo que quiero es tirarme a Bibí Andersen, ahora que es hembra total, completa, ahora que tiene una vagina, ahora que gusta del hombre/hombre, ahora que el unicornio ha perdido el cuerno y la mujer ha ganado el derecho a ser follada. [...] Hay que cepillarse a Bibí Andersen como sea. Es la asignatura pendiente de la democracia. Los machos viriles lamentábamos que no fuese hembra. Los otros se alegraban de que fuese hombre. Ahora que es mujer, ahora que, tras la castración sacrificial, ya tiene la sagrada vagina de los mitos femeninos, está como un poco obligada, Bibí, a dejar que nos la beneficiemos los varones con carné de tales, aquí en Madrid, más algunos ricachos que vengan de provincias con certificado del gobernador civil de que no son bujas.

Se me dirá que no es para tanto, que solo hace humorismo o literatura (ni puta la gracia), pero qué me decís entonces de esto que cuenta en Crónica de esa guapa gente, cuando narra de forma realista lo que hizo con el entonces famoso presentador de televisión García Tola:

Una tarde de domingo, llena de toda la siniestrez dominical, Tola y yo nos fuimos a su apartamento con dos choricillas del Gijón y, como no se dejaban, Tola les pegó, las insultó, las echó de casa, y yo le ayudé en todo.

Menudo personaje: esto entra dentro de los delitos penales. Se me argumentará el famoso contexto: el contexto no era por desgracia el de ahora, pero ya entonces, año 1991, este tipo de escritos ya estaban mal vistos y esas acciones penadas. De hecho, un grupo de feministas invadió su comunidad de vecinos, años antes de que se fuera a vivir a su dacha con piscina, e hizo pintadas de "UMBRAL VIOLADOR", pero Umbral no solo no se arredró, sino que presumía de su machirulismo y hasta publicó una foto de una de las pintadas en el mismo libro:



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QUÉ BONITO y acertado esto que dice Grossman sobre la poesía en Que el bien os acompañe: afirma que existen poetas que son panaderos, que te hacen poesía alimenticia plena de pasión y humanidad, y existen poetas que solo son joyeros, que te hacen sofisticadas composiciones palabristas, muy complejas desde lo técnico, pero sin el alma de los primeros.