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DICE KUNDERA que el pensamiento aforístico de Nietzsche fue muy nutritivo para la filosofía y para la literatura en general, porque nos enseñó a respetar "la manera efectiva en que nos llegan los pensamientos" y a "resistirnos a transformar nuestras ideas en sistema". Voy a dedicar unas cuantas entradas a refutar o matizar estos dos asertos nietzscheanos.

En primer lugar, Nietzsche no nos enseñó nada, porque el pensamiento aforístico tiene una tradición de milenios tanto en Occidente como en Oriente; y el propio autor del Zaratustra no tuvo inconveniente en reconocer la deuda que contrajo con aforistas como los presocráticos, La Rochefoucauld, Pascal, Lichtenberg, Chamfort o Schopenhauer (si bien, en el caso de los presocráticos, fue la pérdida casi completa de su obra lo que los convirtió en fragmentarios, y en el caso de Pascal, su muerte repentina impidió que sistematizara sus pensamientos). En segundo lugar, esos imperativos nietzscheanos tienen sus ventajas y sus desventajas, y si te obnubilas con las primeras y no conoces las segundas fácilmente puedes malograr tu obra.

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¿Y QUÉ pasa si a las nueve de la mañana pienso una cosa y a las cinco de la tarde su contraria? ¿Tengo que respetar las dos y publicarlas así en el papel, como insinúa Kundera que nos enseñó Nietzsche, o tengo que comenzar un proceso de reflexión hasta llegar a una síntesis, tal como nos enseña la filosofía sistemática? Si optas por la solución que Nietzsche supuestamente proponía (luego explicaré lo que realmente hizo, que es muy distinto), prepárate a que tu libro sea una sentina de vaciedades y confusiones. Si no sometes a cada nuevo pensamiento a un bombardeo de pros y contras, dándole vuelta y desvuelta como acostumbraba Sócrates, que según Jenofonte era capaz de pasarse las doce horas del día pensando, con los ojos perdidos en el horizonte, ¿qué valor tiene ese pensamiento?

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¿SIGNIFICA ESTO que Nietzsche no cayó en ninguna de las trampas del pensamiento fragmentario? Aquí voy a ser un poco mala, porque dice Kundera que "el ataque de Nietzsche iba contra el inevitable dogmatismo del pensamiento sistemático", lo que me demuestra que el autor checo era un nietzcheano impenitente que, como la mayoría de ellos, es incapaz de ver que su emperador va desnudo. Tengo dicho que no hay nada más parecido que un cristiano y un nietzscheano: los dos son asunto de fe para sus seguidores. ¿En serio me está diciendo usted, señor Kundera, que Nietzsche apostó por la escritura fragmentaria para luchar contra el dogmatismo en que caen los sistemáticos? ¿Acaso la escritura aforística de Nietzsche no es la más dogmática que ha existido jamás, a un nivel que ningún sistemático ha alcanzado, ni siquiera Kant, Platón o Descartes?

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TODAS ESTAS entradas que he escrito no querían ir contra la calidad como escritor de Nietzsche, que me parece difícilmente superable, sino contra ciertas afirmaciones suyas en favor de la filosofía fragmentaria. Cuando Nietzsche escribe, como escribió, "es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás no dicen un libro", te está vendiendo una moto. Kundera se la compró: yo no se la compro. Tanto el sistema como el fragmento tienen sus beneficios y perjuicios: escoger lo mejor de uno y otro sería lo ideal, como ya he probado que a veces hizo Nietzsche, pero no siempre se puede. De momento, contra la opinión de Kundera, yo sostengo que no debemos jubilar al tratado filosófico clásico y sistemático, el que se escribía morosamente en busca de conclusiones finales, con páginas y páginas dedicadas pesadísimamente al examen de los pros y los contras, sino que debemos darnos cuenta de lo bueno que habitaba en aquellos procedimientos.

Precisamente hoy vivimos en un mundo de escritura casi nietzcheana, donde tanto en los blogs, en X, en Facebook, en Instagram o en Tik-Tok escribimos en fragmentario, en frases cortas, memes, aforismos y, ¿de verdad creéis que hemos mejorado con respecto a los tochos que escribía la gente hace treinta años? Pienso que a lo sumo hemos mejorado en ingenio, pero justo en la medida que hemos perdido capacidad de reflexión y argumentación, además de respeto, porque las técnicas terroristas que he denunciado en Nietzsche son casi budistas comparadas con las que alguna gente utiliza ahora en la red. Yo misma escribo en nietzcheano (sin su genialidad), todo este blog es fragmentario, también lo era lo que hacía en las paredes, en los cubos de basura y ahora en las quoteboots, pero precisamente por eso, porque he dedicado mucho tiempo a leer a los grandes del género y yo misma lo cultivo, me he dado cuenta de los peligros que se ocultan detrás de la famosa "síntesis", y quería alertar de que no hay soluciones mágicas detrás de lo que una vez llamé "los cien metros lisos de la literatura".


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ESCRIBE TOLSTÓI en sus diarios:
La forma de la novela no solo no es eterna, sino que está pasando. Uno se siente avergonzado de escribir no-verdades, de decir que pasó algo que no ha pasado. Si se quiere decir algo, hay que decirlo directamente.
Me pasa también. Hasta los 35 leí sobre todo novelas; de los 35 a los 40 solo a Berger, Proust, Kundera y Richard Ford; y de los 40 en adelante las he abandonado del todo por lo mismo que dice Tolstói: a este género se le nota mucho el andamio y ya soy vieja para las máscaras.

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EN LA vida está en otra parte, de Kundera, aparece un personaje que coincide conmigo en estas aprensiones:
La mamá había tenido desde la infancia una fuerte repugnancia por todo lo corporal, no sólo por lo de los demás sino por lo suyo propio; le repugnaba tener que sentarse en el retrete (trataba siempre de que, por lo menos, nadie la viera entrar allí) y había pasado épocas en las que incluso le daba vergüenza comer delante de los demás, porque masticar y tragar le parecía asqueroso.
A mí me pasa lo mismo, y de hecho el único problema de mis tres gatos es que me siguen hasta cuando voy al baño y se me quedan mirando. ¡Un poco de intimidad, por favor, que quiero comer solo, mear solo y ducharme solo!


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EN TIEMPO de canallas, de Lillian Hellman, libro-denuncia sobre la caza de brujas del macartismo, se puede leer sobre Gary Cooper:
A Gary Cooper, por ejemplo, se le preguntó, en el tono más deferente y amistoso posible, si había mucha propaganda comunista en los guiones que le sometían. Cooper, como hombre a quien pocas veces en su vida se le había pedido que hablara, lo pensó un buen rato y contestó que no, que no le parecía que la había, pero que tampoco podía estar muy seguro, pues acostumbraba a leer sus guiones de noche. Esta respuesta desconcertante causó risas por todo el país; la imagen de Cooper frente al público estadounidense podría verse afectada por semejante desliz.
No entiendo las risas. Yo también encuentro una gran diferencia entre leer de noche o de día: noto más intensidad y confusión por la noche (a menudo no entiendo por el día lo que quise escribir por la noche). Esa diferencia, además, no es tan rara como parece. En La insoportable levedad del ser, de Kundera, se lee este fragmento:
—Allí fue donde empecé a dividir los libros en diurnos y nocturnos. De verdad que hay libros que sólo se pueden leer por la noche. 
Todos manifestaban un asombro admirativo, menos el escultor que seguía apretando su dedo y tenía la cara llena de arrugas por el desagradable recuerdo. Marie-Claude se dirigió a él:
—¿Qué categoría le adjudicarías a Stendhal?
El escultor no prestaba atención y se encogió de hombros sin saber qué responder. El crítico de arte que estaba a su lado manifestó que a su juicio Stendhal era una lectura diurna. Marie-Claude hizo un gesto de negación con la cabeza y afirmó con voz sonora:
—Te equivocas. ¡No, no, no, te equivocas! ¡Stendhal es un autor nocturno!