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RECONCILIÁNDOME UN poco con el señor John Roberts, el de la Historia del mundo. Llegado a las guerras médicas entre griegos y persas, se desliga de la ideología huntingtoniana y busca los puntos de contacto entre ambos contendientes:
La lucha de los griegos contra Persia supuso la culminación de la historia preclásica de Grecia y la inauguración de la era clásica. Debido a que los griegos dieron tanta importancia a su largo conflicto con los persas, es fácil perder de vista los numerosos lazos que unían a ambas culturas. Las flotas y, en menor grado, los ejércitos persas lanzados contra el Peloponeso tenían entre sus filas a miles de griegos, en su mayoría de Jonia. Ciro había empleado a canteros y escultores griegos, y Darío tuvo un médico griego.

Y más tarde tilda de "anacrónico" que en nuestros días se utilice ese conflicto para subrayar la supuesta imposibilidad de una convivencia entre Oriente y Occidente:
En el rechazo de Asia por parte de la libre Grecia se hallan los orígenes de una distinción a la que los europeos han aludido con frecuencia en tiempos más recientes, aunque en el siglo V solo existía en la mente de algunos griegos. Sin embargo, los mitos alimentan las realidades futuras, y siglos más tarde, otros hombres considerarían, anacrónicamente, que las batallas de Maratón y Salamina fueron la primera de muchas victorias de Europa frente a los bárbaros.


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EN SU Historia del mundo, el señor Roberts dice que los antiguos egipcios están sobrevalorados, que ni eran tan buenos astrónomos como los babilonios ni contaban con los conocimientos matemáticos que la posteridad les ha asignado. También habla de falta de creatividad y falta de adaptación a los nuevos tiempos: a ellas se deben que los egipcios desaparecieran después de tres milenios. En ningún momento se le ocurre pensar que durar tres milenios... ya es un tiempo bastante largo para tales inadaptados.

El libro de Roberts está muy bien pero canta bastante. Descubro en la Wikipedia que este historiador, muerto en 2003, se hizo famoso por una serie que hizo para la BBC, llamada El triunfo de Occidente, que hace que me salten todas las alarmas. De nuevo estoy leyendo al enemigo, qué clásico (no me llaméis lector, llamadme masoquista).

El libro tiene 1400 páginas. Ahora estoy en los griegos. Sobra decir que los griegos le encantan al señor Roberts. A mí también me gustan, ojo: lo que no me gusta es que se use a los griegos contra; tampoco me gusta que se diga que surgieron de la nada, que son el “pueblo original de la Tierra” (Burckhardt), cuando la realidad es que saquearon todo lo que pudieron, tanto de las civilizaciones anteriores de Grecia (minoicos y micénicos) como de Egipto o Mesopotamia y hasta de la India. Recuerdo a Nietzsche acusando de egipticismo a Platón: “¡Qué caro nos ha salido que este filósofo hiciera un viaje a Egipto!”.

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EN EL prefacio a su Historia del mundo, el historiador J. M. Roberts, después de avisarnos de que va a hablar muy poco de amplias zonas de África o de la América precolombina "porque apenas han influido en el resto de la humanidad", nos añade para curarse en salud:
No puedo evitar escribir desde el punto de vista de un varón británico, blanco y de clase media. Si eso se interpreta como un obstáculo demasiado insuperable, se pueden encontrar otros enfoques, pero el lector también deberá evaluarlos con la misma vara de medir antes de emitir su valoración.
No han influido apenas en la humanidad y por tanto no nos han puesto al borde de la hecatombe climática o nuclear, señor Roberts; ya decía Gibbon que los gobernantes buenos no hacen historia. Cuando el Titanic se hunda, espero que los que sí que han influido mucho tengan la decencia de ceder los botes salvavidas a quienes ninguna culpa tendrán del hundimiento.