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DIFERENCIO ENTRE aforistas y fragmentistas: el aforista escribe un solo pensamiento-relámpago de cinco líneas como mucho, mientras que el fragmentista no dispara sino que desarrolla ideas que superan muchas veces las diez líneas y pueden sobrepasar el folio. La división es un poco arbitraria pero a mí me sirve porque existen aforistas tenidos por tales, como Nietzsche, Confucio, Leopardi, Adorno, Schopenhauer, La Bruyére o Marco Aurelio, que no me parecen muy buenos aforistas y en cambio son grandes fragmentistas, igual que existen otros que son grandes aforistas y fragmentistas a la vez, como Cioran, Canetti, Gracián, Séneca, Chamfort o Valéry, y en cambio otros que son especialistas en el aforismo entendido tal como yo lo entiendo, como una detonación que no se prolonga, como Publilio Siro, La Rochefoucauld, Porchia, Lec o Gómez Dávila.

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UN TIGRE demuestra que es un tigre porque duerme y se aparea, lame y juega con sus crías o da coletazos a las moscas; un tigre cuya vida consista solo en atacar, sacar las garras y mostrarse feroz es un tigre muy sospechoso: quizá tenga un complejo, quizá no sea un tigre. Cuando Adorno visitó Sils Maria, años después de la muerte de Nietzsche, en busca de sus huellas, se encontró para su sorpresa con que los lugareños lo recordaban con mucha lástima. Al parecer, Nietzsche era víctima de las gamberradas de los niños del lugar, que llenaban de piedras su paraguas rojo, el que utilizaba para guarecerse de los rayos del sol, de forma que cuando lo abría todas las piedras caían sobre su cabeza. Aquel filósofo entonces se enojaba y, empuñando su paraguas, amenazaba y trataba de golpear a los niños, pero solo conseguía aumentar sus mofas porque, en aquellos tiempos, ya estaba casi ciego y los paraguazos se perdían en el aire. ¡Los niños de Sils Maria le hacían mobbing al filósofo del superhombre y la voluntad de poder, al predicador de la fuerza, la cólera y la venganza, el mismo que en Ecce Homo se proclamaba pariente de Julio César y Alejandro Magno! ¡Menudo tigre de bajo presupuesto era aquel Friedrich Nietzsche!