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ESTO YA lo advirtió el crítico en español más grande del siglo pasado, Octavio Paz, al que cito con mis palabras porque no tengo mi biblioteca a mano: "Yo no digo que Juan Ramón Jiménez sea peor que San Juan de la Cruz; solo digo que la literatura en español del siglo de oro era la de más prestigio en Europa, tan prestigiosa que sus obras principales disfrutaban de continuas ediciones y traducciones en las principales ciudades europeas, mientras que ahora nadie lee en Europa a la Generación del 98 ni a la del 27". Borges, por su parte, fue durante toda su vida mucho más tajante: "La literatura española está en decadencia desde el siglo XVII".

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RESULTA CÓMICO que del cogollo del siglo de Oro, en el período que va del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz en 1578 hasta El alcalde de Zalamea de Calderón en 1651, solo me hicieran leer en la escuela obras o partes de Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora: en total seis autores para un período de 73 años en que la literatura española era de luxe, la creme de la creme. En cambio, entre la publicación de las rimas de Bécquer en 1871 y La familia de Pascual Duarte de Cela en 1942, en la escuela me hicieron leer obras o partes de Rosalía de Castro, Iriarte, Samaniego, Alarcón, Clarín, Galdós, Zorrilla, Campoamor, Unamuno, Azorín, Antonio Machado, Manuel Machado, Baroja, Valle-Inclán, Benavente, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, García Lorca, Alberti, Aleixandre, Dámaso Alonso, Cernuda, Leon Felipe y Miguel Hernández: en total 30 autores para un período de 71 años donde la literatura española, siendo bastante decente, no fue ni de lejos del nivel de la francesa, británica o estadounidense.

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MÁS SOBRE el supuesto antiespañolismo de Borges. Este genio de la literatura fue una persona muy compleja y a la vez un maestro en bufonerías. En ese vaivén humor/esquizofrenia, de pronto fingía no conocer a Antonio Machado (¿Es que Manuel tiene un hermano?), para semanas después proclamar que el sevillano era mejor que Lorca y que todo el 27. De pronto decía que Bécquer “era una débil réplica del primer Heine”, para en otra ocasión decir: “¿Es que esos majaderos de surrealistas no saben lo que es un poeta de verdad, por ejemplo Bécquer?”. De Unamuno decía a veces que era insoportable, pero a su muerte escribe un artículo donde afirma: “Ha muerto el primer escritor de nuestro idioma”. A Quevedo lo fustiga por su vegetación conceptista, pero también con él se pone sincero: “Le critico porque me gustaba demasiado. Cuando era adolescente, en la Argentina, todos queríamos ser Quevedo”. Y qué decir sobre el Quijote: es la obra, junto con la Divina Comedia de Dante, de la que más habló y que más le obsesionó en su vida. También elogió a Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Jorge Guillén, así como la poesía de Lope, el Romancero y la Epístola moral a Fabio de Fernández de Andrada. De Garcilaso decía: “Es mejor que Petrarca”. De Ramón Gómez de la Serna: “Con qué desprecio verá Ramón a su amigo Oliverio Girondo. En un rato él puede escribir —él ha escrito— toda la obra de Girondo”. ¡Raro antiespañolismo el de un hombre que, preguntado por dónde le habría gustado nacer si no hubiera nacido en Argentina, respondía invariablemente: “En Andalucía”!


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ES UN tópico decir que el paso de la antigüedad grecolatina a la cristiana supuso el cambio de los sabios por los santos como modelos que admirar, pero desde mi punto de vista, a los sabios y a los santos, más que admirarlos, hay que sufrirlos. El mismo rechazo me causa un Platón que un Job. De tener que aguantar a un sabio, prefiero a los que son como Diógenes o Montaigne; y de tener que aguantar a un santo, prefiero a Drukpa Kunley o a Teresa de Cepeda, de quien Espido Freire dice: “Se aburría con San Juan de la Cruz porque él era demasiado serio y en cambio a ella le gustaba mucho hacer el gamberro”.


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A PRIMERA vista se podría decir que la razón es el cáncer que arruina cualquier literatura porque es ordenadora, vinculante, militar; es la razón quien toma la compleja realidad y los cientos de sucesos dispersos que jalonan tu vida, todos caóticos, y los reúne, valora y explica hasta hallarles sentido, no porque esos sucesos lo tengan, sino porque la razón solo sabe hacer eso. Sin embargo, ¿no es cierto que este mismo pensamiento que estoy escribiendo contra la razón, lo estoy escribiendo desde ella, y por tanto la razón también puede ser autocrítica y desclasificadora? ¿No es cierto que la obra de Nietzsche es el intento racional de reivindicar el irracionalismo? ¿Que Alberto Caeiro hace metafísica desde la antimetafísica? ¿Que los manifiestos de las vanguardias no eran más que intentos de justificar el irracionalismo con la razón? ¿Que el gran genio y bufón Salvador Dalí pintó sus cuadros con el método paranoico-crítico? ¿Que Poe escribió una teoría compositiva de “El cuervo”? ¿Que el mismo San Juan de la Cruz, tras escribir versos inspirados, escribió unos comentarios finales para que se entendieran?