MÁS SOBRE el supuesto antiespañolismo de Borges. Este genio de la literatura fue una persona muy compleja y a la vez un maestro en bufonerías. En ese vaivén humor/esquizofrenia, de pronto fingía no conocer a Antonio Machado (¿Es que Manuel tiene un hermano?), para semanas después proclamar que el sevillano era mejor que Lorca y que todo el 27. De pronto decía que Bécquer “era una débil réplica del primer Heine”, para en otra ocasión decir: “¿Es que esos majaderos de surrealistas no saben lo que es un poeta de verdad, por ejemplo Bécquer?”. De Unamuno decía a veces que era insoportable, pero a su muerte escribe un artículo donde afirma: “Ha muerto el primer escritor de nuestro idioma”. A Quevedo lo fustiga por su vegetación conceptista, pero también con él se pone sincero: “Le critico porque me gustaba demasiado. Cuando era adolescente, en la Argentina, todos queríamos ser Quevedo”. Y qué decir sobre el Quijote: es la obra, junto con la Divina Comedia de Dante, de la que más habló y que más le obsesionó en su vida. También elogió a Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Jorge Guillén, así como la poesía de Lope, el Romancero y la Epístola moral a Fabio de Fernández de Andrada. De Garcilaso decía: “Es mejor que Petrarca”. De Ramón Gómez de la Serna: “Con qué desprecio verá Ramón a su amigo Oliverio Girondo. En un rato él puede escribir —él ha escrito— toda la obra de Girondo”. ¡Raro antiespañolismo el de un hombre que, preguntado por dónde le habría gustado nacer si no hubiera nacido en Argentina, respondía invariablemente: “En Andalucía”!