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LO MÁS curioso de los dos robustos volúmenes de entrevistas de la revista The Paris Review, publicados por Acantilado, es que ninguno de los entrevistados, en su mayoría anglosajones, salen con la murga de la humildad. Es ponerte a leer entrevistas de escritores latinoamericanos, portugueses, españoles, italianos..., procedentes de lugares católicos donde los curas han causado estragos, y sale la habitual condena contra el narcisismo, la vanidad de los escritores, el ego.

Quede claro que aquí estoy a favor de los ombliguistas y que tengo predilección por el género confesional. A mí sí me interesa que los escritores me cuenten su "vidita". Siempre he amado a los escritores ególatras como Nietzsche, Plath, Capote, Pizarnik, Umbral, Garro, Sontag, Neruda, Aragon, Houellebecq o Tsvetáyeva y, si nunca he criticado los concursos de humildad en que suelen convertirse algunos debates literarios de mi zona cultural, es porque me conozco el percal y no quiero morir a manos de la marabunta :)

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¿QUÉ TIENE que ver el hombre de La Rochefoucauld, el hombre de Swift, el de Cioran, el de Houellebecq, con el hombre pasivo y conforme que yo conocí en Lauros? Si al ser humano le pones en situación de competir, competirá y desarrollará todos los vicios y virtudes de la competición. Si en cambio le pones en situación de no competir, desarrollará todas las virtudes y vicios de la pasividad.


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LO QUE cada vez me molesta más de Hugo, Nietzsche, Neruda, Bukowski, Houellebecq: que no hayan dado muestras de disolución del yo, que hayan conservado la ficción de una identidad dura, al contrario que Pizarnik, Plath, Woolf o Tsvetaeva, que muestran una identidad borrosa o a-punto-de-romperse. Ya es curioso que todas sean mujeres y suicidas. ¿Será que los hombres se ven obligados al militarismo de la identidad compacta? ¿Será que las mujeres sufren en el casi-yo, consecuencia del papel subalterno que se les ha otorgado desde la cuna, como se refleja tan bien en los diarios de Plath?

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VOY A por vosotros, os lo juro, como escritor os declaro mis enemigos, señores Teognis, Tácito, Maquiavelo, Hobbes, La Rochefoucauld, Swift, Schopenhauer, Chéjov, Léautaud, Cioran, Bernhard, Houellebecq. Escribir es un acto religioso y celebratorio: consiste en agradecer el milagro de estas manos que pulsan las teclas, estos ojos que leen lo concebido, este cerebro que tacha, esta piel que siente y corre y bailotea. Llevamos demasiado tiempo sembrando flores del mal y tomando por maestros a los cascarrabias y amargados de la literatura: viva Homero, viva Safo, viva Píndaro, viva Plutarco, viva Luciano, viva Khayyam, viva Montaigne, viva Shakespeare, viva Hugo, viva Whitman, viva Neruda, vivan los que elevan y sonríen y agradecen esta existencia, porque ellos son mis amigos y no los que la escupen y agreden y calumnian.