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DESCUBRO LEYENDO los Cuadernos de Valéry que este autor ya andaba plagiándome (uno más) con cien años de antelación. Eso que dice de Victor Hugo, que se hizo con el centro de la literatura francesa con tal mano de hierro que obligó a los demás a escribir a la contra o al costado, en función de lo que hacía Hugo, es lo que he sostenido yo siempre acerca de Lope de Vega, que reinó de tal forma durante el Renacimiento y el Barroco español que obligó a los cuatro monstruos que orbitaban alrededor, Cervantes, Quevedo, Góngora y Calderón, a buscar los resquicios que dejaba libres el autor de Fuenteovejuna. Como no podían competir con la poesía transparente del Fénix de los ingenios, Góngora y Quevedo se lanzaron a la aventura lingüística desaforada; como no podía competir con la gracia y la fantasía del teatro lopesco, Calderón se esmeró en la composición, la pertinencia y la filosofía. En cuanto a Cervantes, derrotado en el teatro y en el verso por el inacabable torrente lopesco, encontró en la novela el anhelado territorio ignoto.

—¿Sigues sosteniendo, Vanessa, que la mitad del Quijote se debe a Lope, como sostenías a gritos en tus tiempos del bebercio?
—Tanto que la mitad no, pero lo que hizo Cervantes es lo mismo que hacían algunos rivales de Michael Phelps, que se apuntaban solo a las pruebas de natación donde Phelps no participaba. Por más que la españolería diga que Cervantes era un hombre bueno y tolerante, yo le encuentro envidia y resentimiento por todas partes, y la principal prueba es la cantidad de pullas ofensivas que hay en el Quijote contra Lope de Vega.

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RESULTA CÓMICO que del cogollo del siglo de Oro, en el período que va del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz en 1578 hasta El alcalde de Zalamea de Calderón en 1651, solo me hicieran leer en la escuela obras o partes de Cervantes, Lope, Quevedo y Góngora: en total seis autores para un período de 73 años en que la literatura española era de luxe, la creme de la creme. En cambio, entre la publicación de las rimas de Bécquer en 1871 y La familia de Pascual Duarte de Cela en 1942, en la escuela me hicieron leer obras o partes de Rosalía de Castro, Iriarte, Samaniego, Alarcón, Clarín, Galdós, Zorrilla, Campoamor, Unamuno, Azorín, Antonio Machado, Manuel Machado, Baroja, Valle-Inclán, Benavente, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, García Lorca, Alberti, Aleixandre, Dámaso Alonso, Cernuda, Leon Felipe y Miguel Hernández: en total 30 autores para un período de 71 años donde la literatura española, siendo bastante decente, no fue ni de lejos del nivel de la francesa, británica o estadounidense.