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IBA A decir que el punto superior que tiene el Borges de Bioy, con respecto al Goethe de Eckermann y el Johnson de Boswell (quede claro que los tres libros me parecen un monumento), es que Bioy mantiene con el protagonista una actitud digna e incluso inter pares, frente a la clara relación arriba/abajo de los otros dos, pero pensándolo bien al final me he dicho: ¿en qué parte del libro, vamos a ver, Bioy se atreve a llevarle la contraria a Borges? Solo me he acordado de un momento (habrá más, claro), cuando Bioy le dice a Borges que detesta a Unamuno (a Borges le gustaba el bilbaíno más veces de las que lo criticaba) y que en cambio estaría dispuesto a ser miembro de una Sociedad de Amigos de Baroja, escritor al que el autor de El Aleph consideraba un zoquete: ahí se acaban todas las discordancias que recuerdo en 1663 páginas, si bien en la próxima lectura hago propósito de buscar más puntos de opinión disímil. También en las últimas páginas, a raíz de que Borges le abandonara, Bioy parece un poco resentido... ¡pero todo su resentimiento lo gasta contra María Kodama, a la que viene a hacer responsable de su ruptura! Comprendo sin embargo a Bioy porque a mí me pasa lo mismo: es muy difícil conducirte contra alguien al que sigues admirando. 

Aclaro que el “Borges” yo no lo veo como una traición/venganza de Bioy a su amigo, como denunció Kodama, sino como un pedazo de homenaje de 1663 páginas, donde se puede seguir la trayectoria de las opiniones borgeanas durante cuatro décadas, libro que supera con mucho al Borges entrevistado por Carrizo, Alifano, Buckley, Queralt, Burgin, Ferrari, etc, que es un Borges que no me gusta porque las entrevistas son muy cortas y en ellas abusa de la ocurrencia gratuita, en la que a pesar de ser muy celebrado nunca pasó de ser un subWilde. El Borges oral de calidad, que vuelve una y otra vez a los mismos autores pero con detalles diferentes, está en las treinta horas de lectura de este libro magno de Bioy.

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QUÉ DIFERENCIA entre el libro de conversaciones de Borges con Bioy y el de Goethe con Eckermann. Qué diferencia de persona, me refiero: mientras Goethe es un hombre agradable y agradecido, igual uno de los más amplios que ha pisado la Tierra, muy preocupado por ayudar a los demás escritores, con un rango de actuación que no solo se limita a la literatura sino que abarca la ciencia o el gobierno; un gran escritor que además es un gran ciudadano, que sabe que la vida se ha portado muy bien con él y trata de devolver los favores, siempre buscando la serenidad y el punto medio, que en su caso no es truco o conveniencia... y al otro lado Borges, un hombre negativo y mezquino, una metralleta de maledicencias, sin ninguna grandeza de miras con lo que no comprende, que se porta igual o incluso peor cuando se hace famoso que cuando no lo era, época en la que arrecia en sus mezquindades, como si quisiera vengarse de los demás. Y encima Goethe sabe mucho más, ¿eh? El conocimiento que exhibe Borges de la literatura y de la vida, con ser grande, se reduce a menudo a detalles, a boutades, se fija en lo que no tiene hueso, se carga a los escritores solo por una metáfora desafortunada, está limitado a encontrarse con colas de perro que le impiden ver el perro, mientras que Goethe muestra una mirada tranquila, panorámica, es un hombre que sabe distinguir lo fuerte de lo débil, lo sustancial de lo accesorio, que siempre está en busca de las relaciones y los elementos que unen, por eso es tan comprensivo y tan afirmado a la vida. Comienzo a entender eso de Nietzsche, que decía que la mejor obra de Goethe son sus conversaciones con Eckermann: en Goethe fue la persona la que se alzó a inmarcesible obra de arte.

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DIJE QUE Eckermann se excedía dorando la píldora a Goethe; pero otro tanto se permite Boswell para encumbrar a Johnson. Dice Boswell que el padre de Johnson cursó una solicitud al rector Samuel Lea para que admitiera a su hijo en la escuela de Newport, pero que este se la denegó. Sin embargo, en el mismo párrafo dice que Samuel Lea, ya anciano, comentó que “uno de los hechos más memorables de mi vida es haber estado a punto de contar con un hombre tan grande como Samuel Johnson como alumno”. ¿En serio fue memorable que CASI fuera tu alumno, cuando además tú mismo le denegaste la admisión?

Unas líneas más adelante, para desmentir las críticas que se le hacían a Johnson por hombre a veces de trato poco cortés, Boswell hace salir de la nada un papel escrito por “una dama”, de la que no nos da el nombre ni mayor detalle, salvo que el papel se lo ha dado “la hija del doctor Lawrence, médico de Johnson”. Lo siento mucho, pero este no es un procedimiento serio en un periodista, ni en un biógrafo, ni en un historiador. Alguno me dirá, Vanessa, con ese tipo de procedimientos hicieron sus libros luminarias como Herodoto, Suetonio o Diógenes Laercio, a lo que yo les diré que sí, que de acuerdo: sin duda a ese dudoso club pertenece el libro de Boswell.

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NI ECKERMANN ni Boswell son biógrafos ni entrevistadores sino, más bien, evangelistas: los dos profesan una admiración sin mácula por Goethe y Samuel Johnson y escriben sus libros para hacer prosélitos. La calidad de los dos mesías, sin embargo, es bien distinta a la luz de los parlamentos que podemos leer: mientras Goethe parece realmente un hombre griego, superior, profundo y generoso a la hora de emitir juicios, en los que no muestra rencores, Samuel Johnson parece un cuñado con multitud de opiniones sanchopancescas, la mayoría de las veces, y boutades de bruto de fábrica, en otras. En una de sus primeras intervenciones, aboga por pegar a los niños en lugar de estimularles a competir entre ellos:
En todas las ocasiones en que salió a relucir la cuestión, Johnson dio siempre su visto bueno al uso de la vara para aplicar la instrucción: "De largo preferiría —dijo— que la vara fuera motivo de temor general, con el fin de hacerles aprender, antes que decir a un niño: si obras de tal modo, o de tal otro, gozarás de más estima que tus hermanos o hermanas. La vara surte un efecto que termina en sí mismo. El niño teme los azotes, por lo que cumple sus deberes y punto; en cambio, al suscitar en él ese deseo de comparación, y ciertas ínfulas de superioridad, se sientan las bases de mil diabluras, aún peores, pues se consigue que hermanos y hermanas se guarden rencor".

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EN ANOTACIÓN del 16 de agosto de 1824, Eckermann nos cuenta que durante esos días no tuvo tiempo de escribir las conversaciones que mantuvo con Goethe, pero que a cambio nos da algunas frases sueltas que recuerda de memoria, ninguna de las cuales supera las tres líneas. Muy honrado por su parte. La mayoría de conversaciones con Goethe que transcribe Eckermann, de todas formas, son muy cortas, lo que me reafirma en su veracidad. En cambio con Bioy Casares, que al escribir su "Borges" hizo un libro hermano al de Boswell con Samuel Johnson o al de Eckermann con Goethe, tengo más dudas sobre su honestidad, porque hay que tener una memoria de elefante para recordar las conversaciones cuando son muy largas y están llenas de matices, como por ejemplo esta donde Bioy pone a Borges a hablar así de Arlt (AQUÍ). ¿Dijo realmente Borges/Sócrates todo lo que aparece en ese libro o Bioy/Platón se tomó sus licencias?