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SIMPLEMENTE LEYENDO lo que algunos grandes autores alemanes, antes de las guerras mundiales, dijeron sobre sus compatriotas, podríamos habernos ahorrado cualquier ilusión sobre sus posibilidades futuras, aunque se debe matizar que lo de presentar a los alemanes anteriores a Hitler como "el pueblo más culto de Europa" solo se comenzó a hacer después de la catástrofe nazi, con el fin de que los libros y reportajes sobre el tema quedaran más tremendos. ¿Los más cultos? Lichtenberg decía que los alemanes eran tan borregos que "no se atreven a afirmar que "hace frío" antes de escuchar que otros lo dicen"; Schopenhauer afirmaba en público que eran el pueblo más necio del mundo, "más aburridos que gorros de dormir"; Nietzsche sostenía que Alemania era la nación más plana de Europa y que la sola proximidad de un alemán le "retardaba la digestión"; Heine avisó de que la intolerancia y fanatismo de sus compatriotas auguraba una hecatombe en el futuro; Einstein renunció a la ciudadanía alemana en 1895 a causa del antisemitismo y "mentalidad de rebaño" de sus coterráneos; y Kant, queriendo elogiarlos, dijo que los alemanes habían nacido para la obediencia y que necesitaban "un amo", por muy despótico que fuera, que les garantizara el orden.

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DICE HEINE en su ensayo La escuela romántica:
También conviene mencionar que Goethe, mientras celebraba con tanta alegría a Persia y Arabia, abrigó la más tajante animadversión contra la India. Le disgustaba lo extraño, lo desconcertante y lo confuso de ese país.
Lo de Goethe es sensacional: ya lo tengo en lo más alto de las referencias maricrónicas. Se preocupa como es natural por lo alemán, también por su folclore, pero con la misma naturalidad frecuenta lo ruso o lo inglés, lo francés o lo italiano, los antiguos griegos y latinos, con un espítitu tan amplio que no se detiene en Europa: frecuenta también lo árabe, lo persa, lo hindú, lo chino, los antiguos egipcios, descubre las tradiciones orales africanas, se interesa por los primeros brotes de Estados Unidos, pregunta a su amigo Humboldt por todas sus expediciones...

Las dos escuelas de intolerancia más grandes de la historia, la de la religión y la de la patria, le ponen en su punto de mira: los cristianos, porque Goethe aboga por un panteísmo a lo Spinoza, una religión más amplia y congregadora que ve la sustancia de Dios lo mismo en los animales, las plantas, las piedras o las nubes; los patriotas, porque Goethe está en contra de la unificación política de Alemania, pues consideraba lo alemán como algo esencialmente cultural que florecía mejor en pequeñas entidades administrativas, al modo de las ciudades estado de la Antigua Grecia o de la Italia del Renacimiento. De qué mimbres estaba hecho este gigante, que cuando un Schlegel trató de insultarlo, no se le ocurrió más que decir con falsedad: "Goethe es un pagano que se ha convertido al Islam".

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COMO LECTORA nunca pasaré de adolescente. Con qué emoción he leído este fragmento en el que Heine habla de Goethe, sobre todo el trozo en que ataca a los "humildes", el subrayado es mío:
En efecto, en Goethe se daba la perfecta armonía entre la personalidad y el genio, tal como se exige a los hombres extraordinarios. Su porte era tan imponente como la palabra que late en sus obras. Su apariencia también era armoniosa, límpida, alegre y de proporciones nobles y se podía estudiar en él el arte griego como en una estatua antigua. Ese cuerpo majestuoso nunca dejó que la cristiana humildad de gusano le bajara la cerviz; su semblante jamás se descompuso por la contrición cristiana; sus ojos no se nublaron por la timidez del pecador cristiano ni se entornaron devotamente ni se alzaron, trémulos, al cielo. No; su mirada era serena como la de un dios.

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NO ME he empezado a dar cuenta hasta este año de que el centro de gravedad de Europa es Centroeuropa, como su propio nombre indica, y no tanto los antiguos griegos, que en verdad eran pueblos costeros y euroasiáticos, ni los antiguos romanos, que en realidad formaron un imperio mediterráneo que agrupaba también el norte de África. Como en mis lecturas suelo dar especial valor a que un escritor no se convierta en lacayo de su terruño o de su nación, he comenzado a unir hilos: ¿Por qué Kafka no parece sentir Chequia? ¿Por qué Rilke no da muestras de estar afiliado a ningún sentimiento nacional? ¿Por qué Zweig en toda su obra no se muestra orgulloso de Austria? ¿Por qué Goethe, Schiller, Schopenhauer, Nietzsche, Heine o Hesse no están orgullosos de su alemanidad, sino a menudo al contrario? ¿Por qué Gombrowicz insiste a los críticos para que valoren su obra desde criterios no nacionales? ¿Por qué Freud o Einstein solo se adhieren al internacionalismo? ¿Por qué Chopin dice desde el principio que quiere que su música sea reconocida en Viena o en París y no en Polonia? ¿Por qué en Suiza hasta bien entrado el siglo XX la literatura o historia nacionales eran solo asignaturas optativas?

Durante casi dos siglos existieron europeos de verdad, al menos en la burguesía y en la aristocracia: no europeos que además se consideraban franceses o ingleses o españoles, sino europeos que se sentían solo Europa. Se movían entre Varsovia, Ginebra, Praga, Viena, Berlín o Budapest. A raíz de las guerras mundiales y la posterior absorción de gran parte de ese mundo por la URSS, el nacionalismo se activó y puso fin a ese universo único y maravilloso, en tanto era cultural-artístico y no territorial-militar, quizá la única Europa 100% que ha existido en la historia.

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EN SU curso de filosofía popular en Caen, Michel Onfray recuerda que el poeta Heinrich Heine ya advirtió con un siglo de antelación del peligro totalitario de la filosofía de Hegel:
Heine dijo cosas muy interesantes sobre Hegel y el hegelianismo, cosas que encontraremos señaladas por André Glucksmann en Los maestros pensadores, donde considera al idealismo alemán y a Hegel en particular responsables de los campos de concentración, esta acusación no es tan falsa, es una intuición interesante, esa idea de que el hegelianismo era un anuncio de catástrofes ya se encuentra en Heine, quien nos dice en Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania, obra que data de 1835, comentando a Kant, Fichte, Hegel y el hegelianismo: "En Alemania llevaremos a cabo un drama al lado de la cual la Revolución Francesa será solo un inocente idilio", y más abajo: "Sonará la hora. Las multitudes se agruparán como en las gradas de un anfiteatro alrededor de Alemania para ver juegos enormes y terribles". Son frases escalofriantes de la pluma de Heine en 1835, quien nos dice que tengamos cuidado con esa filosofía, porque es totalitaria —si nos permitimos el uso de la expresión en esa época— y puede producir totalitarismos. Se me permitirá el uso de este anacronismo, ya que el totalitarismo fue formulado por Hannah Arendt, luego de los hechos que ustedes saben, pero Heine ya presentía que las ideas de Hegel y el hegelianismo eran peligrosas.