EL PLATONISMO es la marca propia de algunos de los mejores poetas amororos de siempre. La Lisi de Quevedo no es una mujer real; todas las obras maestras de Quevedo en el sembrío amoroso están dedicadas a una mujer que es mero fruto idealizado de su imaginación. Tampoco Neruda escribió sus Veinte poemas a una mujer en concreto, sino a una pluralidad de mujeres de su adolescencia, a las que integró en una sola. Escribir sobre un amante real, sin embargo, tampoco acaba a veces con lo platónico: Katherine Whitmore se queja a Pedro Salinas en una carta de que no se reconoce en los poemas a ella dedicados, y lo mismo dice Juan Carlos Onetti de los poemas de amor que Idea Vilariño escribió sobre él. Y Dante… ¿qué pinta Dante, después de casarse con Gema y tener seis hijos con ella, escribiendo obsesivamente sobre Beatriz, una mujer muerta veinte años antes con la que no tuvo más que un breve y casto beso?