AHORA QUE vuelven las discusiones tanto a derecha e izquierda sobre la pertinencia de sustituir el nombre de tal calle o monumento por el de alguien más sangriento o más humanista, dependiendo del partido que lo proponga, me acabo de acordar, no sé dónde lo leí, de una iniciativa de la antigua revista satírica La Codorniz (o quizá fuera Hermano Lobo), que proponía conservar los nombres de las calles y cambiar tan solo el adjetivo preliminar. El sistema codornicesco funcionaría así, los ejemplos son míos:
Calle del salvador Francisco Franco
Calle del canalla Francisco Franco
Calle del descubridor Cristóbal Colón
Calle del genocida Cristóbal Colón
Calle de la tonadillera Isabel Pantoja
Calle de la desfalcadora Isabel Pantoja
Calle del abertzale Sabino Arana
Calle del xenófobo Sabino Arana
Calle de la libertadora Dolores Ibarruri "Pasionaria"
Calle de la stalinista Dolores Ibarruri "Pasionaria"
Calle del poeta Pablo Neruda
Calle del violador Pablo Neruda
Calle de la cantante Amy Winehouse
Calle de la drogadicta Amy Winehouse
Calle del evangelizador Hernán Cortés
Calle del execrable Hernán Cortés
Este sistema a-prueba-de-elecciones lograría que ni el ciudadano ni los servicios postales se volvieran locos, porque el nombre de cada calle seguiría siendo el mismo, ya que los gobiernos de cada color solo tendrían derecho a cambiar el adjetivo preliminar.