CUENTA SUETONIO que, en el certamen de elocuencia griega y latina convocado por Calígula en Lyon, los vencidos debían escribir un poema de elogio a los vencedores, y en caso de que esos versos no gustaran, eran obligados a borrarlos con una esponja o con la lengua, si no querían ser azotados con una palmeta o arrojados al río. Lástima que una costumbre tan sana se haya perdido.