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EN LA tertulia que dirigía en el Café Colonial, Cansinos Assens impuso la costumbre de que no se hablara de ningún escritor contemporáneo. Adoptó esa norma porque se dio cuenta de que los tertulianos hablaban con mesura de los escritores muertos, pero todo se volvía polémica y guirigay cuando salía el nombre de un escritor vivo. Pienso que esta norma no se podría aplicar en las actuales tertulias de Madrid, porque muchos tertulianos no sabrían entonces de qué hablar.