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DICE NIETZSCHE en el aforismo 148 de El caminante y su sombra que es más fácil escribir de forma grandilocuente que de forma sencilla, pero ese pensamiento no lo habría tenido nunca si hubiera conocido el estilo ultrasimple, de baldados profesionales de las letras, que predomina en los escritores de nuestros días, un estilo del que me atrevo a hacer un remedo:
Me sentía solo. El viento rozaba mi cara. Las ramas de las acacias se agitaban. Entonces llegó ella. Con mucho sigilo. Ella. Despaciosa. Bellísima. Recuerdo que me desperté. Renací. Me incorporé. Avancé hacia ella. Quizá me atreviera a hablarle. Quizá.
Este es el estilo del 70% de los ¿escritores? de hoy, escritura-telegrama como pensada para lectores pre-alfabeto o que repitieron preescolar. Cualquier modelo grandilocuente de hace dos siglos era mucho más difícil de practicar, hasta la sintaxis de algunos loros bien entrenados es más compleja que lo que se hace hoy.