TANTO TROLL y ninguno llegará jamás a ser ni la uña del mayor troll de todos los tiempos, don Francisco de Quevedo, el franc(isc)otirador de las letras, que convirtió la gana de herir en un arte y trolleó a Góngora, a Alarcón, a Jáuregui, a Santa Teresa, al conde duque de Olivares, a los ingleses, a los moros, a los moriscos, a los turcos, a los judíos, a las mujeres, a los magos, a los flamencos, a los bujarrones, a las viejas, a los médicos, a los venecianos, a los poetas, a los cursis, a los cornudos, a los beatos, a los catalanes, a los jugadores, a los casados y a los vizcaínos comedores de berzas.