ESCRIBE EMERSON en Confianza en uno mismo:
Recuerdo una pregunta que, siendo bastante joven, formulé a un consejero distinguido que tenía por costumbre importunarme con las viejas doctrinas de la iglesia. Al decirle yo: «¿Qué tengo yo que ver con la santidad de las tradiciones cuando vivo enteramente desde mi interior?», mi amigo sugirió: «Pero estos impulsos pueden venir de abajo, no de arriba». A lo cual repliqué: «No me parece que sea así; pero si soy hijo del Diablo, viviré entonces del Diablo». No hay ley más sagrada para mí que la de mi propia naturaleza. Lo bueno y lo malo no son más que nombres perfectamente transferibles de una cosa a otra; lo único correcto es lo que dicta mi manera de ser, lo único equivocado es lo que la contradice. En presencia de cualquier oposición, un hombre debe conducirse como si todas las cosas salvo él fueran nominales y efímeras.
Esto es puro Nietzsche cuarenta años antes de Nietzsche. Sostiene Emerson que solo hay que fiarse de la primera opinión que nos formamos de las cosas, porque esa es nuestra verdad-verdadera, personal e intransferible, pero no estoy nada de acuerdo: a menudo la primera opinión que nos formamos, aunque creemos nuestra, es la opinión que por destilación nos ha dejado el ambiente en que vivimos. Obsérvese con perspectiva la obra de Emerson y la de Nietzsche: aunque los dos han dado grandes gritos y han levantado mucha polvareda jurando que son libres e independientes, ¿cuál es la obra que han dejado? La de Emerson es la que te esperas del individualismo protestante, del famoso self-made-man estadounidense; la de Nietzsche la típica del antiguo germano que prefiere quedarse en el bosque irracional de Teutoburgo antes que acatar la racionalidad y el imperio de la ley romano: los dos esconden una americanidad y alemanidad nada difusas, aunque ninguno de los dos fuera nacionalista.
Por otra parte, existe otra constante en ellos que me molesta, y es que los dos opinan que el ser humano donde existe lucha de contrarios es un ser que se malogra: los dos proponen eliminar los sentimientos blandos por los duros, a los dos les parece mal el arrepentimiento, a los dos les parece bien la soledad, los dos sospechan de los sentimientos altruistas. Yo pienso justo lo contrario: uno debe de conservar su parte gilipogre y su parte facha, su parte buenista y su parte malaje, a pesar de que te conviertan en una persona menos eficaz, más irresoluta, con un yo mucho más pendular. El problema que tengo con Emerson y Nietzsche a pesar de su incuestionable maestría es que no me los creo, apestan a romanticismo barato, les reprocho falta de honestidad: tanto el uno como el otro quieren colarme de contrabando al Emerson y Nietzsche ideales que les gustaría ser. Entras en cambio en Cioran y… ¡qué maravilla un filósofo que reconoce que es colérico, que es rencoroso, que no sabe controlarse, que a veces se arrepiente, que duda de seguir viviendo, un filósofo que nos dice que es un desastre de persona, o sea como tú, como yo, como tantos!