LO QUE dijo Borges sobre Lorca lo catalogo de “barbaridad” porque, aparte de la mala baba y la envidia tiña, sus declaraciones son en esencia falsas, porque Lorca murió asesinado cuando seguía elevando las bardas de su calidad literaria: lo último que salió de su minerva fueron los Sonetos del amor oscuro y La casa de Bernarda Alba, dos de sus mejores obras. Puedo entender que, si mueres de forma violenta a unas edades como la de Sócrates (70 años), la de Cicerón (64 años) o la de Séneca (61), haya quien sostenga que estos autores ya poco tenían que decir y que esa muerte se convirtió en una espléndida plataforma para subir su cotización en la posteridad. Pero con Lorca ocurre lo contrario, señor Borges: a Lorca no le vino bien morir a los 38 años, ni por razones vitales obvias ni tampoco literarias, porque su obra nunca dejó de crecer y anunciaba una muy superior, nunca sabremos de qué altura, quizá al nivel del club de los gigantes, entre los que figura por cierto usted. Si a usted lo hubieran fusilado a los 38 años, antes de escribir Ficciones o El Aleph, sus dos grandes obras maestras, ¿no cree que su gloria literaria habría sufrido una gran merma?
Lo que sí admito es que la obra de Lorca, tal como quedó a su muerte y a pesar de que es notable, no está a la altura de la fama que ha concertado, pero son dos debates distintos. ¿Le favoreció literariamente el fusilamiento a Lorca? No. ¿Ayudó esa muerte trágica a que su fama creciera por encima de los méritos que hasta entonces se había ganado? Sí. Recordemos que en las numerosas clasificaciones de los cien mejores autores o libros de la historia, que salen de forma periódica en todo el mundo, Lorca es el único autor español que a veces acompaña a Cervantes en las listas. Y Lorca es bueno, pero... ¿mejor que Lope o Quevedo? ¡Vamos, hombre!