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NIETZSCHE, UN enemigo natural al que amo. ¿Qué me pasa con Nietzsche? ¿Detesto de verdad a Nietzsche? A priori, es un escritor que me da náuseas: su misoginia, su aristocratismo, el tono olímpico con el que escribe algunos de sus libros, más propio de un troll que de un sabio o un filósofo, su desprecio por los débiles, su antiigualitarismo, su admiración por los sofistas, su esteticismo a ultranza, sus panegíricos en favor del dios del Antiguo Testamento y de todos los genocidas (Alejandro Magno, Julio César, César Borgia, Federico el Grande, Napoleón), en quienes encuentra la más alta concreción de su lamentable “voluntad de poder”, no me dejan más opción que considerarlo un antagonista a batir: la relación que mantengo con él como lector es sin duda la más tóxica. Y sin embargo, ¿a quién he leído yo tanto como a Nietzsche, salvo a Hugo, Neruda, Balzac, Lope, Quevedo, Shakespeare, Borges, Cioran y Umbral? ¿Y no es cierto que es el autor con el que más me río, también del que más me río? ¿No es cierto también que a veces me siento mal por reírme de un ser tan débil y siento ternura por aquel enfermo cegato que fingía fuerza y salud? ¿Y además cómo iba a ser solo risa la que dirijo a un escritor al que considero un monstruo de las letras de una magnitud solo comparable a la de Hugo o Shakespeare?