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PROMETÍ ESCRIBIR un poema detrás de otro cuando llegara mayo y ya veis que no estoy cumpliendo, jajaja, ¡ya os dije que la poesía es un gato que solo se deja acariciar cuando a él le apetece! Sigo insistiendo, sin embargo, porque se deben mirar al menos 10.000 tréboles para encontrar uno de cuatro hojas.

¿Se puede forzar a la poesía? Claro que se puede: la poesía llega con los estímulos, pero hay que desconfiar mucho de esos estímulos si ponen en riesgo tu propia vida. Decía Ferrater que Louis Aragon escribía poemas políticos muy malos, pero que empezó a escribirlos buenos cuando los nazis invadieron Francia. Ferrater remataba:
—Claro que es mal negocio que los alemanes tengan que invadir Francia para que Aragon empiece a escribir buenos poemas.
El poeta confesional John Berryman era más bruto. En una entrevista a The Paris Review declaraba:
Mi idea es esta: es extremadamente afortunado el artista al que se le presenta la peor prueba posible sin matarlo. Creo que lo que le suceda a mi trabajo poético en el futuro dependerá de ser golpeado en la cara, aplastado, tener cáncer, o cosas por el estilo. Espero ser casi crucificado.