BIOY CASARES cuenta en Descanso de caminantes cómo empezó a deteriorarse su relación con Ernesto Sabato:
Un día me trajo (ya estaba viviendo yo en la calle Santa Fe, donde ahora vive Alicia Jurado) el manuscrito del Túnel "para que se lo corrigiera". Me pregunto por qué en el trato de escritores hay tantos malentendidos ¿por falsas modestias? ¿por una vanidad que siempre merodea, como un chacal hambriento? Lo cierto es que leí con lápiz colorado el librito y, según mi costumbre (en ese tiempo corregía las traducciones de El séptimo círculo y de La puerta de marfil), lo corregí casi todas las veces que fue necesario. Cuando Sabato vino a retirar su novela, comprendí mi error. Él venía dispuesto a recibir elogios por un gran libro; yo le devolví un librito, plagado de errores de composición, que no podían corregirse (como esa patética imitación de Huxley, la discusión sobre las novelas policiales que interrumpía el relato) y páginas garabateadas de elementales correcciones en rojo: correcciones de palabras, como constatar, de sintaxis, etcétera. Nuestra amistad, que nunca fue del todo espontánea, empezó a deteriorarse.
Lo curioso es que El túnel, que para casi todos nosotros es una obra maestra, para Bioy sigue siendo un libro malo. Está escribiendo Descanso de caminantes en 2001 y no hay rastro de arrepentimiento, de decirse a sí mismo: "Vaya, al final resultó que El túnel era una gran obra". Las explicaciones que nos da contra ese libro son muy baratas y no me convencen: también Cervantes o Dostoyevski tienen errores de estilo o de composición y no por ello dejan de ser gigantes de la novela. Creo más bien que en Bioy existía una antipatía personal hacia Sabato, antipatía que compartía con Borges (sostengo que las amistades entre escritores se nutren de antipatías contra otros escritores; la amistad Borges & Bioy crece contra Girondo y Sabato). En una parte de su Borges, ya con mala baba, Bioy dice: “Es curioso lo de Sabato. Ha escrito poco pero su obra nos carga como una obra copiosa”.