622


LA ESCUELA mata a la poesía, le pone un plástico y otro plástico y otro plástico, convierte a los poetas más rebeldes en normativos, cultiva una subversión con airbag y corbata. Esta respuesta que da Bob Dylan a Paul J. Robbins, en 1965, es exactamente la misma que daría yo sobre la insufrible poesía española (salvo Quevedo) que me hicieron leer en la escuela y el instituto, tan mala como para dejar daños irreversibles en el cerebro:
¿Preguntabas por la poesía? Tío, la poesía es una cagada, sabes. No sé en otros países, pero en éste es una masacre absoluta. No es poesía en modo alguno. La gente no lee poesía en este país; si lo hacen, les ofende, no lo pillan. Si vas a la universidad, ¿qué tipo de poesía debes leer? Lees "The Two Roads" de Robert Frost, lees a T.S. Eliot, lees todas esas cagadas y eso no mola, tío. No mola. No es nada potente, una mierda pinchada en un palo.