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PAPINI CONFIESA al final de su diario, pocos meses antes de morir, que ya no puede caminar y tampoco escribir “porque mi mano ya no es dócil”. Me he quedado muy triste al leerlo. De verdad que no entiendo por qué los ancianos se aferran a la vida, una vez que han llegado a una sobrevejez que les deja tan impedidos, con lo fácil que les sería suicidarse. Aunque quizá haya que tener 75 años, como tenía el autor italiano al escribir esas líneas, para opinar metido en sus zapatos. Esto me hace recordar que debo añadir una asignatura más a mi autoescuela neorrabiosa:

1. Cómo ser autónomo.
2. Cómo resistir la soledad.
3. Cómo quitarse de en medio.