DICE BIOY Casares en Descanso de caminantes que tardó quince años en aprender a escribir, de los 28 a los 43, y de inmediato he recordado una sentencia que repetía mi padre, que no era suya sino que debía de ser una sentencia común entre los de su gremio, según la cual para dominar el oficio de albañil se necesitan veinte años: los diez primeros para aprender y los diez siguientes para demostrar lo aprendido. Mi padre extendía esta regla a todos los oficios.
—No —le decía yo—, hay oficios que se pueden aprender en menos tiempo.
—Si se puede —me contestaba—, ni son oficios ni son nada.