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EN HOMENAJE a Cataluña, hay que ver cómo se pone George Orwell cuando descubre que sus compañeros beben solo del porrón:
Bebíamos de una cosa espantosa llamada porrón. El porrón es una especie de botella de vidrio con un pico fino del cual sale un delgado chorro de vino al inclinarla. De este modo resulta posible beber desde lejos, sin tocarlo con los labios, y pasarlo de mano en mano. Me declaré en huelga y exigí un vaso en cuanto vi cómo se usaba el porrón.
Mi historia con el porrón es bien distinta y mucho más agradable. En Tobes y Rahedo, pueblo burgalés del que procedía mi madre, también se bebía del porrón (no así en Vizcaya, al menos en Lauros), pero ese objeto estaba vedado para los niños: a los niños siempre se nos servía en vaso en las contadas ocasiones que nos permitían beber un poco de vino. Acceder al porrón era acceder a ese recipiente que permite unas elegancias y hasta chulerías en las posturas que no admite un simple vaso, y por eso a mí me urgía utilizarlo cuanto antes, porque beber del porrón era marcar territorio y demostrar que ya era mayor.