ME HACE gracia encontrarme a Nietzsche en los catálogos de "autores que vivieron ignorados por sus contemporáneos". ¿Ignorado un tipo amigo íntimo del mayor músico de la época, Wagner, que había despertado el interés del historiador más célebre, Taine, que fue alumno y amigo de otro de los grandes historiadores del arte y la cultura, Burckhardt, y que se carteaba, además de con estos tres hombres, con futuros premios nobel de otros países, como Spitteler y Strindberg? Por no hablar de que fue amigo de Rée, Deussen, Von Druskowitz, Overbeck, Rohde, Gast, Salomé, Von Meysenbug, Brandes, Keller, Von Salis o Bulow, todos ellos importantes en la cultura de la época. El propio Nietzsche fue el causante de esta creencia, porque jugó durante toda su obra al no-me-leen-porque-soy-un-genio, pero de pronto se nos pone sincero en Ecce homo y nos dice que de autor desconocido nada:
Esto iba dicho para alemanes, porque en todos los demás lugares tengo yo lectores, todos ellos inteligencias selectas, caracteres probados, educados en altas posiciones y en elevados deberes; tengo incluso verdaderos genios entre mis lectores. En Viena, en San Petersburgo, en Estocolmo, en París y Nueva York – en todas partes estoy descubierto; pero no en el país más plano de Europa, en Alemania…