POR ESO hay que resistir con todas nuestras fuerzas al fenómeno fan en la literatura, porque la relación del fan con el escritor es humillante, acrítica y desde-abajo; la relación del lector, en cambio, es respetuosa, crítica e inter pares, y no por ello deja de ser menos intensa: el lector lleva con sus escritores favoritos una relación que genera una dependencia similar a la del amor romántico, donde el amor-para-siempre hay que ganárselo todos los días y sufre muchos altibajos: el escritor que ayer te parecía soberbio quizá hoy te parezca un endriago y mañana vuelva a recuperar tu afecto. Si a mí me preguntaran hoy qué opinión me merece Unamuno, respondería:
–¿Unamuno? Esta semana me parece bastante bueno.