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UNA ANÉCDOTA reveladora de la falsa humildad de Baroja. Hemingway le visitó en su lecho de muerte y le dijo:

–Mi premio Nobel se lo tendrían que haber dado a usted.

Baroja recibió estas palabras muy contento, pero Hemingway continuó hablando:

–A usted…, y también a Azorín, a Unamuno, a Antonio Machado…

Estas palabras ya no le gustaron tanto a Baroja, que le dijo con irritación: “¡Demasiados!”. Y es que Hemingway tocó el cable prohibido de Baroja: podía haberle mentado los nombres de escritores franceses o ingleses y seguro que no se hubiera enfadado, ¡pero poner a su mismo nivel a otros escritores españoles de su época, hasta ahí podíamos llegar!