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UNA DE las razones estupefacientes que da Zweig en sus memorias para justificar el estallido de entusiasmo popular ante la Primera Guerra Mundial es que en aquella época, según este escritor, los diarios de masas eran aún muy recientes y conservaban la credibilidad: la gente pensaba que todo lo que se publicaba en letra impresa era cierto. Si los diarios alemanes presentaban a los franceses como demonios y viceversa, a los lectores ni se les ocurría pensar que pudieran estar mintiendo.