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Y ES que la conducta del egoautor es esencial para que la obra funcione. Una poeta como Pizarnik, por ejemplo, debe parte de la belleza negra de su obra al suicidio: quitad su suicidio y veréis que muchos de sus poemas y muchos fragmentos de su diario, que leemos con un recogimiento del corazón, se convierten sin las 50 pastillas de Seconal en la obra de una llorona y una pelmaza. Es el suicidio el que nos garantiza la VERDAD de su obra, el que hace que la leamos con el silencio sagrado que se muestra ante una biblia laica.