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SI CIORAN se hubiera suicidado a los 26 años, después de publicar En las cimas de la desesperación o De lágrimas y santos, hoy sería una especie de Rimbaud de la filosofía o la mística, un mito que vendería más camisetas que el Che Guevara. Pero decidió seguir viviendo y publicar cada pocos años una nueva entrega de sus autoflagelaciones, con nuevos episodios archisabidos de sus ganas de suicidarse y acabar con el mundo, con lo que de maldito pasó a malditillo y de malditillo a bufón made in Taiwan. Escribí una vez que sospecho mucho de los tigres empeñados en demostrar que son tigres, porque quizá no sean tigres: Cioran es un tigre de fogueo…, por mucho que su fogueo sea mejor que muchas balas de verdad.