EL IDEAL igualitario de Neruda, para quien no había contradicción entre ser rico y comunista, consistía en dar un ferrari a cada habitante en lugar de una bicicleta. Orwell, en cambio, tenía muchas dudas de que se pudiera repartir lo que no se había producido. Discutiendo una vez sobre la naturaleza verdadera de la Rusia de Stalin con un simpatizante comunista, forzado este a conceder que quizá hubiera alguna represión política, en la calentura del debate el comunista recurrió a un tópico muy socorrido:
COMUNISTA: ¡No se puede hacer una tortilla sin romper huevos!
ORWELL: ¿Dónde está la tortilla?