EN LA epístola 95, Séneca detalla a Lucilio algunos ejemplos del libertinaje al que se habían abandonado los romanos… ¡y también las romanas! Atención a lo que más le molesta a Séneca, el subrayado es mío:
Las mujeres no menos que ellos pasan las noches en vela, no menos se entregan a la bebida y rivalizan con los varones en la palestra y en el vino puro; igualmente arrojan por la boca los alimentos que han ingerido violentando el estómago y devuelven en el vómito todo sorbo de vino; igualmente chupan el hielo para aliviar al estómago ardiente. Ni siquiera ceden a los hombres en cuanto al placer sexual: destinadas por naturaleza a la pasividad del acto han discurrido (¡los dioses y las diosas las maldigan!) una forma tan perversa de desvergüenza que son ellas las que penetran a los hombres.
Claro, si las mujeres empiezan a penetrarnos a nosotros, el edificio de la pasividad femenina se resquebraja y viene el fin del mundo, jajaja. A ver cómo le explicas a un tipo tan rígido como Séneca que el agujero del culo es también un órgano de goce sexual, uno más, y no hay nada malo en utilizarlo, lo mismo ellas que nosotros. Leyendo este texto adivinas el grado de libertad que llegó a alcanzar la mujer en aquella época, además del triunfo de la filosofía epicúrea sobre las filosofías rigoristas. Ya es lástima que la mayor parte de la filosofía hedonista de la Roma Antigua se haya perdido y en cambio los cristianos se dedicaran a conservar todos los Sénecas habidos y por haber.