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Jajaja, vaya ataque que lanza Jiménez Lozano a las pobres gallinas en Los cuadernos de letra pequeña:
Las gallinas odian a los pájaros, creo que fundamentalmente porque ellas no pueden volar, y quizás no tanto por la incapacidad física de sus alas como por su sobra de practicidad e inclinación a la comodidad y a la rutina. No sé si hay animal más lerdo que la gallina, pero, a la vez, con más sentido de la propaganda. Es suficiente comprobar el escándalo de autosatisfacción y de alabanza de su producto cuando pone un huevo, que es cosa que hacen todas las otras aves sin chistar, y con frecuencia productos más hermosos, los huevos azules sobre todo, que son mayor maravilla que una cúpula de una soberbia mezquita. Es como si las gallinas no tuvieran abuela o un medio de comunicación disponible, y se tienen que alabar ellas mismas; pero tampoco es caso de negarse a reconocer que los huevos de gallina son un excelentísimo producto.
Más pagados de sí mismos me parecen a mí los gatos, los leones, los toros y los caballos, señor Jiménez Lozano. Y el solo hecho de que nadie ponga gallinas en las banderas o en los escudos de armas habla muy bien de ellas, pues significa que nadie ha cometido una masacre llevando este animal en sus enseñas. ¿Que pone los huevos con vanidad? ¿Que es un animal cobarde? ¿Que su semivuelo es ridículo? Pues mire usted, vanidosos, cobardes, ridículos… ¡justo igual que los escritores, ya tengo una nueva patrona para nuestro gremio!