...PERO SÉNECA no está en contra de todo tipo de ambición, como sí lo está por ejemplo Chamfort, sino que defiende la literaria, filosófica o artística. En la carta 21 saca a pasear su ego y demuestra que era más que consciente de su estatura como filósofo:
Te contaré el caso de Epicuro. Escribiendo a Idomeneo con el propósito de encaminarle de una vida, atractiva en apariencia, hacia la gloria firme y duradera, así le decía al entonces ministro del poder real, ocupado en grandes asuntos: «Si te atrae la gloria, mis cartas te harán más famoso que todas esas tareas que tanto aprecias y por las que eres tan apreciado».
¿Es que por ventura mintió? ¿Quién conocería a Idomeneo, si Epicuro no lo hubiera introducido en sus cartas? Todos aquellos magnates y sátrapas, y hasta el mismo rey que había otorgado el título a Idomeneo, se perdieron en un olvido profundo. Las cartas de Cicerón no permiten que se borre el nombre de Ático; a éste de nada le hubieran servido su yerno Agripa, el marido de su nieta, Tiberio, o su biznieto Druso César; entre nombres tan ilustres se le silenciaría, de no haberlo asociado a su persona Cicerón.
La inmensa duración del tiempo se abatirá sobre nosotros; pocos serán los genios que levanten cabeza, y aunque abocados a perderse alguna vez en el silencio, común a todos, resistirán al olvido y se sustraerán a él largo tiempo. La promesa que pudo hacer Epicuro a su amigo, esa te la hago yo a ti, Lucilio: alcanzaré el favor de la posteridad y puedo conseguir que otros nombres perduren con el mío.
La ambición literaria yo también la padezco y tengo dudas de que sea buena, pero parece claro que hace menos daño tratar de escribir otra Divina Comedia que tratar de invadir Polonia, y además ya advertía Bertrand Russell: "Quien quiera apartar a los seres humanos de la guerra, trate de encontrar actividades incruentas que la sustituyan".