ME ENTUSIASMA Séneca a la hora de condenar a los matarifes del pasado. ¡Qué diferencia con Suetonio, que a su vida-hagiografía de César la tituló "El divino Julio César", o con Plutarco, que elogia a la mayoría de los protagonistas de sus Vidas, si bien más discretamente! En su carta 94 a Lucilio, el filósofo cordobés carga contra Alejandro Magno, Pompeyo, Julio César y Mario:
La locura de devastar las tierras ajenas incitaba al desdichado Alejandro y lo impulsaba hacia lo desconocido. ¿Piensas acaso que está cuerdo quien comienza por realizar sus matanzas precisamente en Grecia, donde ha sido educado? ¿Quien arrebata a cada uno lo que le es más querido: a Esparta le impone la servidumbre y a Atenas el silencio? No satisfecho con la ruina de tantas ciudades que Filipo había vencido o comprado, abate a otras en otros países y propaga la guerra por el mundo entero sin que, agotada, se detenga su crueldad en parte alguna, al modo de las fieras salvajes que muerden más de lo que su hambre reclama.
Ya tiene reunidos muchos reinos en uno solo, ya los griegos y los persas temen al mismo déspota, ya sufren el yugo hasta los pueblos que eran libres del poder de Dario; con todo, va más allá del océano y del Oriente y se indigna de que la victoria lo aparte de las huellas de Hércules y de Baco; se dispone a violentar a la misma naturaleza. No es que quiera andar, es que no puede detenerse, como las pesas arrojadas al precipicio que no se detienen hasta yacer en el fondo.
A Gneo Pompeyo tampoco la virtud o la razón lo impulsaban a las guerras externas e internas, sino un desmedido amor de falsa grandeza. Ora se dirigía contra Hispania y los ejércitos de Sertorio, ora iba a reprimir a los piratas y pacificar los mares: eran las causas que aducía como pretexto para prolongar su poder.
¿Qué fue lo que lo arrastró a la campaña de África, hacia el Septentrión, contra Mitridates, Armenia y todos los rincones de Asia? Sin duda su inmensa ambición de encumbrarse cuando era él el único que se consideraba poco grande.
¿Qué fue lo que empujó a Gayo César hacia su destino, fatal para sí y para el pueblo? El deseo de gloria, la ambición, y la intemperancia por elevarse sobre todos los demás. No pudo tolerar ni siquiera uno por encima de él, mientras la República toleraba a dos por encima de ella.
Pues ¿qué? Cuando Gayo Mario, una sola vez cónsul (ya que para un consulado fue elegido, los restantes los usurpó) aplastaba a los teutones y cimbros y perseguía a Yugurta por los desiertos de África, ¿piensas que arrastró tantos peligros impulsado por la virtud? Mario guiaba al ejército, pero a Mario lo guiaba la ambición.
Éstos, mientras lo trastornaban todo, eran trastornados ellos mismos a la manera de los torbellinos, que hacen dar vueltas a los objetos que han arrebatado, pero son ellos mismos los que dan vueltas primero y su acometida es tanto más violenta por cuanto no pueden controlarse en absoluto; de ahí que, habiendo ocasionado el mal a muchos, también ellos experimentan aquella fuerza destructora con la que han dañado a tantos. No hay que pensar que uno puede ser feliz a costa de la infelicidad ajena.