ESCRIBE VALÉRY: "La lectura de periódicos nos lleva a leerlo todo como periódicos". Tiene razón: yo leo demasiados diarios y luego me arrepiento, porque el lenguaje periodístico es en la mayoría de los casos un infralenguaje que daña al que trata de hacer literatura, al que se le pegan tópicos y manejos narrativos de muy baja calidad. Lo mejor de los diarios son los reportajes que publican los domingos, que suelen estar escritos por las mejores plumas; pero el resto de la semana bastaría con leer la sección de opinión, y solo en el caso de que los columnistas sean de calidad. Por eso el diario que más me ha gustado de siempre fue El Mundo (quién lo ha visto y quién lo ve) de los primeros cuatro o cinco años de Pedro J. Ramírez, entre 1989 y 1993, cuando contaba con grandes articulistas como Umbral, Trevijano, Del Pozo, Ortiz, Albiac, Rigalt, Mendicutti, Gala, Sánchez Dragó, Arrabal, Prieto, Jiménez Losantos, Aberasturi o Boyero. Tenía yo entonces entre quince y veinte años y leerlos fue como iniciarme en la literatura o ensayo del aquí y ahora, en forma de pequeños buenos textos escritos por autores que tenían muy buena cabeza, en algunos casos, o muy buena pluma, en otros.