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EXISTEN CHISTES sobre escritores, naturalmente. Este sobre Unamuno que le contó León Felipe a Alberti y que sale en La arboleda perdida me parece buenísimo:
Unamuno, cuando llegó por vez primera de su País Vasco a la meseta de Castilla, quiso advertir a Dios de su presencia en medio de la solitaria llanura.

—¡Dios, Dios, Señor, Dios, que ha llegado Unamuno! Soy Miguel de Unamuno. ¡Aquí estoy!

El cielo estaba negramente nublado; sólo se oía un gran silencio. Unamuno no cesaba de repetir:

—¡Dios, Dios, escucha, que ha llegado Unamuno!

Entonces, descorriendo las nubes, apareció una inmensa mano y, tras ella, un poderoso brazo, oyéndose, a la vez que le mandaban un gigantesco corte de mangas a Unamuno, el rugido de Dios que decía:

—¡Anda y que te den por el culo!