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DESCUBRO EN el Curso de Filosofía Popular de Michel Onfray que a Spinoza le gustaba mucho hacer algo que por desgracia también me gustaba a mí: solía cazar moscas para arrojarlas a las telarañas y luego se desternillaba de la risa cuando las arañas las devoraban. Yo dejé de cometer esas crueldades cuando me vine a Madrid, pero no se me oculta que treinta años de mosquicidios han arruinado mi karma para varios siglos. Lorca, Poeta en Nueva York: "El diminuto banquete de la araña basta para romper el equilibrio de todo el cielo".