ESTA ANÉCDOTA es muy famosa. Como Rilke sufría de continuos estados de angustia y depresión, su amiga la escritora Lou Andreas-Salomé, que a su vez era discípula y amiga de Freud, le recomendó someterse a una psicoterapia psicoanalítica. El psiquiatra Emil von Gebsattel, que era amigo del poeta, se ofreció a hacérsela, pero Rilke le pidió que le diera un tiempo de reflexión. Al final rechazó la oferta de su amigo con las siguientes palabras, que se hicieron célebres:
—Si me quitan mis demonios, temo que se puedan morir mis ángeles.