LOS DIARIOS pertenecen a la familia de las memorias, pero son su hijo incómodo y acusador. De eso me he dado cuenta al escribir sobre mi pasado más reciente y toparme con mis diarios desde 2007, que impiden que pueda adornarme o mentir: cada vez que trato de hacerlo, me encuentro delante el registro minucioso de que en aquella época pensaba de forma diferente a como ahora me conviene. Cuando escribo de Lauros, en cambio, mi memoria se permite el derecho de ser todo lo fantástica que le da la gana, con márgenes de error gargantuescos, porque entonces aún no llevaba ningún diario que pudiera pararme los pies. ¡El diario es peor que la conciencia, de hecho es una conciencia mucho más honrada que ella!