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NOS GUSTA hablar del genio y del mediocre como dos criaturas que se excluyen, como si Mozart fuera siempre Mozart y Salieri nunca consiguiera despegar de Salieri, pero bastaría con darse cuenta de que el mismo autor que escribió Macbeth escribió también la prescindible La vida y la muerte del rey Juan; el mismo que escribió el Quijote escribió también el pesado Viaje del Parnaso; el mismo que escribió Residencia en la tierra escribió también el incalificable Invitación al Nixonicidio, para concluir que el escritor frutece a veces espléndido y otras muy limitado, con Mozart y Salieri conviviendo a la vez en cada uno de ellos, incluso en los más grandes, y que ser “sublime sin interrupción” es solo una boutade con la que Baudelaire quiso formular un deseo imposible. Belinski a Ánnekov: “¿Has leído el relato La dueña, de Dostoyevski? ¡Un disparate espantoso! ¡Y nosotros que pensábamos que era un genio! ¡Cómo pudimos dejarnos embaucar!”.