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QUÉ BONITO es el ambiente del escritor, el aire infantil que le rodea. Toda la utilería antigua que usa, el libro, el cuaderno, el folio, el lápiz, la goma, el bolígrafo, el sacapuntas, con sus colores variados y chillones, son de una infantilidad que hace reír. De hecho, esa es la principal acusación que le hago a la máquina de escribir, el portátil, el ordenador o la impresora, que con toda la intención suelen ser de color negro/utilidad: con ellos, el escritor salió de su mundo de preescolar y se igualó en seriedad con los abogados, los ingenieros o los tiburones de las finanzas.