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ESCRIBE LA Bruyère:
Muy lejos de asustarnos, o incluso de atemorizarnos porque nos llamen filósofos, no hay nadie en el mundo que no debiera tener una fuerte dosis de filosofía; es conveniente para todo el mundo, su práctica resulta útil a cualquier edad, para cualquier sexo y para cualquier condición. Nos consuela de la felicidad ajena, de las preferencias indignas, de los malos éxitos, del declive de nuestras fuerzas o de nuestra belleza; nos arma contra la pobreza, la vejez, la enfermedad y la muerte, contra los necios y los patosos; nos permite vivir sin una mujer, o nos hace soportar aquella con la que vivimos.
Que la filosofía pueda ser un lenitivo, sí: ir más allá me parece exagerar. Lo que le reprocho de siempre a la filosofía es esto: si muchas veces me doy cuenta de la razón de mi sufrir ¿por qué el darme cuenta no reduce mi sufrimiento? Entiendo que la filosofía no puede ser una vacuna completa porque estamos demasiado animalizados, incluso en edades maduras, y porque el estadio donde nos jugamos la vida es un estadio foráneo donde el público nos silba y nos insulta y hasta nos tira objetos: nadie que sea intenso y sepa que va a morir, con la devastadora angustia que eso genera, puede ser curado del todo por el pensamiento.