SOBRE EL bloqueo o angustia por la influencia, que diría Harold Bloom, que nos produce la poesía de Neruda a algunos, voy a contar una anécdota de Gonzalo Torrente Malvido que viví en el Bukowski Club. Torrente Malvido solía leer poemas de factura clásica, respetuoso con la métrica y la fonética, y nos pegaba a veces la bronca por los poemas que escribíamos nosotros (“perdonadme pero eso que hacéis no es poesía"), pero un día subió a recitar y gritó:
—¡Neruda hijodeputa!
Todos nos quedamos alucinados. ¡Así que Torrente Malvido también hacía poemas bukowskianos! Malvido continuó:
—¡Neruda hijodeputa, cómo jodiste la poesía!
No se movía ni una mosca en el Bukowski Club. ¡Torrente Malvido recitando un poema que no parecía un poema! Y entonces concluyó así, concitando la ovación de la noche:
—Cómo jodiste la poesía, sí, cómo jodiste… la mía.